Un cuento de Navidad

Deja apresurada el despacho. Cuando apaga las luces y sale al rellano ya es noche cerrada. La iluminación navideña de la calle le devuelve una luz especial al frío ambiente que se respira y le hiela la cara. Los comercios apuran su hora de cierre y en todas las esquinas le llegan entrañables melodías navideñas. Pero se agobia, al recordar los encargos que debía cumplir antes de llegar a casa. Enumera mentalmente: el salmón marinado, los salazones, el vino blanco, los frutos secos… ¿qué más? pensó… y los regalos, el que le correspondía hacer a ‘su amigo invisible’, otra vez su cuñada, ese tutorial vivo de ‘marisa vidilla’ por dios, pero y qué más…

Los tacones no son buen aliado para sortear las duras aceras donde ya se acumula algo de nieve o lo peor, hielo, pero el glamour siempre fue así de exigente. Ataviada con guantes, foulard, abrigo, el preceptivo ‘sac’ donde cabe encontrar de todo menos lo que buscas y un ‘pies quietos’ repentino al cambiar el semáforo a rojo. Momento que aprovecha para buscar la lista de encargos en el bolso. Pasan los segundos y su desespero va en aumento mientras sigue escarbando en ese bolso de ilusionista sin fondo. Semáforo verde para peatones y la lista no aparece. “¡No pasa nada!” Se dice sin convicción. Ha pasado las notas a su smartphone y se detiene, mientras bullen las calles de transeúntes acelerados. Y al sacar su móvil un ligero empujón de un viandante es el culpable de que esa pieza de última tecnología sin la que ya no somos nadie se le desprenda de su mano izquierda y dé con sus elementos en el frío y gélido suelo. Como si de un transbordador espacial challenger se tratara, la parte delantera se desprende de la tapa y esta a su vez de la batería; tres cuerpos extraños esparcidos por el suelo y un gesto rápido y preciso que se apresta a recogerlos.

Lo monta con ciertos nervios pero el móvil parece herido de consideración. Es Nochebuena, su marido y los niños se encargan de preparar el salón y de decorar la mesa. Ella debe llevar el grueso de la cena, acuden sus suegros y las dos hermanas de su marido con sus respectivas parejas. Nunca pensó que casarse con el marido perfecto implicara tener la suegra y las cuñadas perfectas (ironía). Cena para diez a las diez y ya son casi las siete. Cansada y agobiada su nerviosismo va in crescendo. Calcula: está a diez minutos andando de las tiendas, de las que tendrá que volver al parking donde tiene el X1, diez minutos más y a veinte minutos de casa en coche, en el mejor de los casos. En el trabajo le ha resultado imposible ahuecar antes, son días de cierre de balances, pese a que, ingenua de ella, pensaba tomarse la tarde libre. ¿Es necesario todo esto? se pregunta acongojada. Demasiado agobio y esfuerzo para tener que cenar con su familia política, lo piensa, pero siempre negará reconocerlo en público, es una norma de politesse que tiene bien aprendida como esposa ideal y mejor madre. Era todo tan fácil cuando se trataba de su propia familia y su madre lo coordinaba todo…

Comienza a andar y su tacón derecho se incrusta en una rejilla y éste parece gemir de dolor mientras ese preciso punto señala el final de su taconeo. Todo acompañado de un traspié que le hace dar con sus rodillas y manos en el suelo. Se alza ya con menos vigor que cuando había recogido el móvil y queda muy tocada física y mentalmente. Ahora qué hago, qué hago, no voy a llegar, no puedo más… se dice para sí.

De pronto escucha una voz perdida en el tiempo pero íntimamente familiar que le dice: ¿Te puedo ayudar, Pilar? Y suena a música celestial. Una voz fuerte, acompañada de una mano no menos fuerte que toma su brazo. ¡Es Josep! ¿Cuánto hace que no lo veía? ¿Cuánto hace que lo dejó? ¿Cuánto que lo desterró de su pensamiento? …

 Un cuento de Navidad

Aquella tarde Josep la acompañó a los comercios. Pilar estaba presa de un estado de nervios y en shock al toparse con su inesperada y ¿olvidada? presencia y ella recogió todos los encargos, mientras él se ofreció a pasar por una zapatería cercana y hacerse con un par de zapatos de su número, sacar el coche del parking y lo más insólito, conseguir poner de nuevo operativo su móvil tras acercarse a una tienda de su compañía. Él siempre fue así de dispuesto.

Apenas hubo tiempo de hablar, Josep le entregó las llaves del coche, su móvil resucitado y un par de zapatos nuevos, de sobra conocía sus gustos. Se despidieron con un beso y un ligero abrazo amistoso. Ni un quedaremos, ni dame tu número, tan sólo un sencillo y sincero:

– Feliz Navidad, Pilar.

– Feliz Navidad, Josep.

Josep transmitía en su rostro serenidad y alegría por el fortuito encuentro y Pilar, ya algo más relajada y, sobre todo, muy agradecida, aún no salía del todo de su asombro. Pero cual Cenicienta que escucha sonar las campanadas, salió corriendo a la cita con los suyos.

Ya en casa, Pilar, se recompuso como bien sabía hacer por fuera, sin mostrar qué cuerno le pudiese suceder por dentro y se refugió, de nuevo, en su rol de madre, esposa y anfitriona perfecta.

La aparición inesperada de un antiguo amor volvía a diluirse en la noche de los tiempos, o eso creía, o eso pensaba o ¿eso es lo que quería?

Hasta que antes de sentarse a la cena, mientras disfrutaban del aperitivo, el mayor de sus hijos que le había cogido el móvil le dijo:

– ¡Mami, qué curiosa esta app nueva que te has instalado hoy! Ya me explicarás para qué sirve.

– ¿Cuál tete? –le responde su madre.

– Pone ‘TND’ -explica el adolescente.

– No sé cual me dices, cariño –insiste Pilar.

Son las siglas de ‘Todo lo que Nunca me Dijiste’ -concreta el listillo de su hijo.

Pilar se quedó de piedra y ruborizada, mientras se hacía un silencio entre el resto de comensales que supo cortar su marido:

– Tete, ya sabes lo tecnológica que es la mami, pero ahora todos a la mesa y ya dejaremos que nos lo cuente en los postres…

Y los compases de fondo que dejaban escuchar un melancólico ‘ordinary day’ subieron de tono. El CD de Perry Blake fue un regalo de Josep y Pilar lo puso inconscientemente, mientras todos ocupaban su sitio en la cena de Nochebuena.

Escrito por Pere Ferrer (@perefe), periodista y consultor en comunicación en Agua y Sal Comunicación.

Artículo publicado en:
Un cuento de Navidad (Parte I)
Un cuento de Navidad (Parte II)

 

Protector solar para las redes sociales

Nadar en las redes sociales es toda una aventura. Cada día se aprenden nuevas formas de comunicar, de responder, de salvar situaciones y sobrellevar otras, pero, ¿cómo no equivocarse? Lo hacemos todos a diario y por ello, mejor aprender de los errores que fustigarse. Este verano en Agua y Sal nos ponemos factor +100 en las redes y te mostramos algunas lecciones aprendidas en este apasionante universo social que ha cambiado para siempre la manera de comunicarnos.

  • Escuchar y observar después de lanzar tu mensaje puede ayudarte a mejorar la respuesta al contenido que publicas.
  • Ser amable y respetuoso. Nuestro yo en una red social no es diferente de nuestro yo en la vida real, ¡o no debería!
  • Mostrar uniformidad en tus redes sociales usando el mismo nombre en todas ellas, la misma paleta de colores, fotografía, logo etc.  ¡Que no se líen tus seguidores!
  • Probar una misma acción con diferentes estrategias. La prueba error te ayudará a decidir más fácilmente.
  • Buscar gente y empresas interesantes en las redes, seguirlas e interactuar con ellas ampliará tu círculo social digital. Se llaman redes sociales por algo, ¡ pues a socializar!
  • Apoyar a alguien que hace algo que te gusta todos los días. Tus RT’s, tus me gusta y lo que compartes de otros perfiles y empresas te ayuda a seguir fidelizando tus amistades virtuales, a crear lazos de amor digital.
  • Usar hashtags para hacer búsquedas, para filtrar contenido y para segmentar tus publicaciones. Encuentra y que te encuentren fácilmente, pero #tampocohacefaltaquetodoloquedigasseaunhashtagporquenosirvedemuchovaya.
  • Asumir siempre lo mejor en redes sociales y a pesar de todo, ¿para qué entrar en ellas con prejuicios?
  • Desterrar los robots de tus redes sociales, ¡per favor!, ni saludar, ni vender, ni NADA. Todo llegará, pero mientras haya humanos, ¿es posible interactuar como tales?
  • Reaccionar no es siempre necesario. Siéntete libre de no hacerlo y muestra tu autenticidad.
  • Al programar contenido, cuidado con la actualidad, te puede jugar una mala pasada. Díselo a las empresas locales que vendían falditas en las redes sociales después de las inundaciones de Houston el verano pasado, por ejemplo. 
  • Jamás de los jamases es recomendable publicar cuando la ira se ha apoderado de la sangre. Respira, medita, canta OM, vete a correr, chilla, lo que sea menos contestar en este estado y VOMITAR en las plataformas sociales. Para eso ya hay otros que se dedican exclusivamente a lanzar sus deshechos digitales.

Esperamos haberte protegido un poco de los rayos sociales, ¡que a veces también queman!

@MariadeQuesada