Lecciones que aprendimos al enfrentarnos a un nuevo virus

Nuestras vidas se pararon de golpe. Cabía imaginar que las noticias que venían de China invitaban, cuanto menos, a implementar medidas de prevención. Pero nos estalló en la cara como esa bofetada que nos deja sin aliento.

Y en ese estado de shock transcurrieron los días que se tornaron en semanas. Sin duda, un camino largo y doloroso en el que hemos visto cómo las estadísticas y cifras han servido para difuminar nombres y apellidos de miles de muertos, pese a que la sociedad y los medios, algunos de ellos, hayan querido compensar esa carga emocional que merece el duelo.

Y por ese tortuoso camino hemos aprendido cuestiones que nos acompañarán para los restos:

Hemos apreciado que nuestra casa es nuestro feudo.

Sabemos que la familia es nuestro escudo y nuestro consuelo.

Hemos puesto cara a un vecindario que antes era un auténtico desconocido.

Le hemos dado a terrazas y balcones una dimensión en la que pocas personas creyeron.

Apreciamos la música como ese canal de expresión que nunca debió dejar de serlo.

Aprendimos que las residencias se crearon para CUIDAR y no para CURAR. No los criminalicemos.

Supimos que nuestros cuerpos sanitarios son ejemplares y excepcionales, pero el modelo en el que se rigen es más que mejorable.

Asumimos que hay crisis imposibles, pero eso no disculpa que las personas con cargos políticos, todas, sean de poca talla. Dentro y fuera de nuestras fronteras.

La industria nunca debió desaparecer de nuestro territorio.

La globalización ha sido un arma de doble filo capaz de lo mejor y de lo peor.

La tecnología ha sido la gran aliada a la hora de mantener las relaciones familiares y laborales.

Los pueblos y los/as niños/as se han rebelado más fuertes que las ciudades y que, desgraciadamente, las personas mayores.

Las personas con uniforme o sin él han recuperado el valor que como profesión de servicio siempre merecieron.

Hemos comprobado como la cadena de solidaridad ha crecido entre familias y empresas demostrando que somos una sociedad que vale la pena.

En definitiva, hemos aprendido muchas lecciones de esta pandemia. Ahora hace falta que aprendamos a vivir con prudencia pero sin miedo. Tenemos que vivir valorando lo próximo, disfrutando de las pequeñas cosas. Sabiendo que somos vulnerables, pero que nos mueve la esperanza de saber que todo irá bien.

 

Artículo de Pere Ferrer Sanchís, consultor en comunicación en Agua y Sal Comunicación, publicado en la edición de mayo de El Periódico de Aquí. Podéis seguir las andanzas de Pere en Twitter e Ig como @perefe (s)

Qué nos enseña el coronavirus

Las consecuencias de la enfermedad infecciosa COVID-19, causada por un nuevo virus que no había sido detectado en humanos hasta la fecha, nos está enseñando lecciones de vida cada día. Esta semana, hemos querido ofrecer este espacio al equipo de Agua y Sal Comunicación para compartir cómo nos sentimos y qué nos está enseñando esta situación de aislamiento físico e incertidumbre.

Ya sabemos que de todas las experiencias podemos extraer tantas conclusiones como perspectivas tienen las personas. Vemos las cosas como somos y no como son, entonces, ¿qué estamos aprendiendo de esta pandemia y de sus consecuencias más directas como la reclusión en nuestras casas?

Lo que nuestra compañera Cora está aprendiendo:

  • Que podemos convivir 5 personas sin matarnos con organización y respeto.
  • Que hacer deporte en familia es mucho más divertido y eso lo podemos hacer (en situaciones normales) más bien poco, aprovechemos para hacerlo ahora.
  • Que los animales hacen mucho más por nosotros que nosotros por ellos.
  • Que los iaios y iaias son un tesoro, y poder verles y abrazarles es un lujo.
  • Lo valioso que es el aplauso de las 22 h que pasó a las 20 h de cada día y que en cada vecindario se cumple a rajatabla.
  • Que la libertad es lo más valioso que tenemos, que solo la apreciamos cuando nos coartan este derecho.
  • Que el cierre de las fronteras nos afecta mucho más de lo que nos pensamos y que a día de hoy todavía no sé cuando podré visitar a alguien que está viviendo en otro país.
  • Que tenemos un sistema sanitario envidiable y que el personal sanitario de este país es de los mejores del mundo.
  • Que cada día trabajadores “no tan afortunados” como nosotros que podemos teletrabajar, tienen que acudir a sus puestos de trabajo y tenerlo todo listo para que los demás podamos seguir viviendo (supermercados, farmacias, pequeño comercio…)
  • Que hay personas egoístas que no respetan las normas ni el bien común, que por mucho estado de alarma lo seguirán siendo, pero esta vez están quedando retratadas y el tiempo los pondrá en su lugar.
  • Pero lo más importante que he aprendido es que somos seres SOCIALES e INTERDEPENDIENTES, porque qué pronto echamos de menos.

Lo que nuestro compañero Pere está aprendiendo: 

Cuando nos pensábamos que todo era una continua rutina con tensiones propias del quehacer diario va y nos explota en la cara esta pandemia global, más propia de relatos, series o pelis de ciencia ficción. La alarma ha dado lugar al confinamiento y en una semana nos hemos dado cuenta de la fragilidad de nuestro entorno, de nuestras vidas y como me ha parecido leer estos días a algún tiri-tuitero: «éramos felices y no lo sabíamos».
Convivir encerrado en casa con niños nos está sirviendo para renovar votos como padres. Intentar apoyar a nuestros mayores y combatir su soledad como principal miedo, en cambio, nos desarma por momentos.
Ahora todo pasa a un segundo plano, todos los días son como un ‘día de la marmota’, donde, desgraciadamente, solo varía el número de contagiados o decesos. Por lo demás, todo parece haberse detenido, todo está regido por un maldito virus invisible que nos impone una distancia entre unos y otros, que, sin embargo, ha conseguido acercarnos.
Y seguro que cuando todo pase reconoceremos el valor incalculable de un abrazo, la mirada cómplice de cualquier persona anónima con la que nos crucemos, el efusivo saludo de un amigo o los besos, que a partir de ese nuevo día daremos.

Lo que nuestra compañera María de Quesada está aprendiendo:

Esta experiencia la vivo como un curso de atención plena para el universo. Solo podemos vivir el presente porque es lo único que tenemos, mañana es una incertidumbre y ayer fue un mejor o peor recuerdo, depende del día. Veo en cada momento de esta reclusión una oportunidad para que las personas autónomas nos reinventemos desde nuestras casas, para que la comunicación siga adelante y con más fuerza que nunca, #NoDejesDeComunicar; para que despertemos a un largo letargo en el que muchas personas vivíamos en una queja intermitente cuando todo lo teníamos. Pero la pregunta que me hago es, ¿acaso lo hemos perdido? Nuestra libertad sigue intacta dentro de nosotros y de nosotras, podemos seguir compartiendo, socializando, creando y manifestando sueños. Y el día que podamos volver a la normalidad que vivíamos antes del COVID-19, sin duda, será una fiesta. Salir a la naturaleza será un regalo, dar un abrazo a nuestros seres queridos una celebración y bañarse en el mar una experiencia maravillosa. Nunca volveremos a ser las mismas personas, seremos más pacientes, humildes, amables, empáticos, considerados y compasivos. El universo nos está dando una gran oportunidad para ser nuestra mejor versión, para brillar más unos junto a otras, como las estrellas lo hacen en el cielo siempre. Brillemos.

Lo que nuestra directora Desirée está aprendiendo:

Que es una situación difícil, a la que nos enfrentamos todos por primera vez en nuestra vida, es una afirmación irrefutable. La pregunta es: ¿cómo lo afrontamos? En comunicación sabemos lo importante que es para cualquier empresa tener elaborado un plan de crisis. Afrontarla así, te da margen de maniobra. Pero como no es el caso, nos toca improvisar. Leo en el último número de la revista Emprendedores, una entrevista al médico, conferenciante y escritor, Mario Alonso Puig, en la que dice «para triunfar en el mundo de la empresa, la resiliencia es más importante que el talento». Esa palabra, resiliencia. Ahora, más que nunca, la tenemos que poner en práctica. Debemos de ser capaces de salir de manera positiva de esta crisis a todos los niveles. Por nuestra parte, estamos haciendo todo lo posible, ya que tenemos claro que hoy, más que nunca, la comunicación es clave. Nuestro esfuerzo está centrado en apoyar a nuestros clientes para que no dejen de comunicar. Ayudarles a que sigan informando, a que sigan contando todo aquello que es necesario y relevante. Esto pasará.

Lo que nuestro compañero Javier está aprendiendo:

Esta situación está siendo complicada para todos, quizás para algunos más. Primero, me he dado cuenta de que ya no tengo la capacidad de atraparme en casa jugando a videojuegos o leyendo TODO el día como cuando era niño. El cuerpo me pide hacer ejercicio, salir, tomar el aire, socializar, estar con mis amigos, y creo que es bueno. Dejando esto de lado, también estoy aprendiendo que de los problemas se solucionan estando unidos, yendo en una misma dirección, colaborando entre nosotros y ayudando, y que el miedo es una forma de violencia y manipulación peligrosa. Aunque ya era consciente de esto, se ha dejado recalcar estos días a todos los niveles. Tenemos que quedarnos en casa, pero no por pánico al virus, sino por valentía, por el deseo consciente de que esto pase lo más rápido posible, por minimizar contagios. Mención especial a los sanitarios y toda la gente que se tiene que exponer pese a lo que estamos viviendo. Unidos esto acabará pronto.

 

Lo que nuestra compañera María José, está aprendiendo:

Si alguien me hubiera dicho que tendría que quedarme en casa sin poder salir, me habría parecido un argumento de ciencia ficción. Una película al estilo de Apocalipsis Zombie, La Guerra de los Mundos, Soy Leyenda, El Día de Mañana, historias que tienen en común la huida y la lucha por la supervivencia.

En este caso, el virus nos ha confinado en casa y no hay huida posible en el argumento. Es un viaje interior, de introspección. ¿Qué estoy aprendiendo? Aprender no diría, lo que estoy haciendo es recordar la importancia de las pequeñas cosas, intentar disfrutar cada momento. Además de practicar la respiración que te lleva a la calma.

Lo que nuestra compañera María Gil está aprendiendo:

El día que anunciaron que teníamos que estar 15 días en casa, os puedo asegurar que casi me vuelvo loca. Yo, que, como mi abuela dice, soy «de culo inquieto», impulsiva y estoy más fuera que dentro. Es la segunda semana sin salir, todos los días son iguales, pero me doy cuenta de que lo más importante es tener a tu familia cerca y sana, y que las pequeñas cosas, como abrazar o besar a tus abuelos, son realmente las importantes. Ahora, puedo decir que soy más tolerante y tengo algo más de paciencia, sobre todo con mi hermana pequeña, que está en la famosa edad del pavo, y que con voluntad y ganas, al final, todo se puede conseguir.