De todos los colores y sabores

Hoy es el Día Mundial del Orgullo y, en muchos lugares, el del árbol. Pues vamos a regar bien el orgullo con amor para que siga creciendo súper colorido.

Todavía hoy, un tercio de las personas LGTB + en España no va a algunos lugares por miedo y la mitad de quienes tienen pareja evita darse la mano en público. Es indiscutible que somos seres únicos aunque se nos etiquete desde que nacemos. Primero: ¡ay, es igualita que su madre!, ¡la nariz del padre!, ¡el humor de su abuela! ¡será notario como su tío! (Puaj) Para después, incluirnos en un género social que aprendemos y por el que se nos sanciona si no acaba de cuadrarnos. Sabemos que la cultura provee al ser humano, al amparo de su racionalidad, de herramientas para modelar su identidad de muy diversas maneras. Vamos a regar de colores este día para que cada cual sea libre de expresarse como es y recibir solo amor a cambio. El amor no tiene edad, ni color ni viene determinado por nada ni por nadie. El amor ES.

El colectivo LGTB+ lleva casi toda la totalidad de la historia sufriendo discriminaciones, represión y violencia. En muchos países antes podías ir a la cárcel por tener relaciones con otro hombre (o mujer) y sigue pasando. Hasta 69 países criminalizan a día de hoy la homosexualidad en sus leyes, según el último informe Homofobia de Estado 2020 realizado por la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA). De entre ellos, algunos como Somalia, Nigeria, Pakistán, Iraq, Mauritania o Arabia Saudita establecen la pena de muerte; otros, como Bangladesh o Myanmar, de diez años a cadena perpetua. Después están los que no criminalizan «supuestamente», pero que en la práctica es mejor no darle la manita a tu chica en público, como Rusia, Polonia, Serbia, Macedonia y un eterno listado de más países homofóbicos.

Cómo empezó todo 

La noche del 27 de junio de 1969 centenares de personas se divertían en el Stonewall Inn, un bar de Manhattan, conmemorando la figura de Judy Garland,  santa patrona de los gays, fallecida seis días antes. Fue entonces cuando llegó la policía para asegurarse de que no había «ratas mariquitas» haciendo de las suyas en el bar. Resulta que había más gays que polis, y aunque salieron ordenadamente, una vez en la calle, nadie subió al camión que se los quería llevar en arresto. Dicen que una lesbiana a la que trataban de poner las esposas fue la que lanzó el primer puñetazo. Olé por ella si así fue, y aquí el resto de la historia.

La bandera y el Orgullo en España y València

La primera manifestación del Orgullo en España se celebró el 26 de junio de 1977 y así hasta 2021, pandemia de por medio. El desfile del Orgullo de San Francisco del 78 fue el primero en el que aparecieron las banderas arcoíris y cada uno de los colores tenía un significado. Rosa para la sexualidad, rojo para la vida, naranja por la salud, amarillo por la luz del sol, verde por la naturaleza, turquesa por la magia y las artes, añil para la serenidad y violeta para el espíritu.

Este año la campaña del ayuntamiento dice: A València WE CALL IT orgull

Desde Lambda, colectivo *LGTBI+ por la diversidad sexual, de género y familiar, han convocado hoy la manifestación del Orgullo, que este año tiene como lema “Derechos Trans = Derechos Humanos”. Empezará a las 20 horas desde la Alameda (entre el Pont del Real y el Pont de la Exposición), y este año, por motivos obvios, no se celebrará ningún tipo de fiesta al acabar el recorrido.

Orgullo máximo. Todas las personas tenemos derecho a expresar libremente nuestro amor, y a quien le moleste que se lo mire.

 

¡Te veo!

En estos días es justo cuando comenzamos a ver que la situación lejos de estar superada, sí que parece controlada.

Aunque nos insistimos a nosotros mismos, una y otra vez, en no bajar la guardia, empezamos a creer que, entre los que lo hemos pasado (y se supone que alguna carga de anticuerpos mantenemos), el porcentaje de vacunados (al menos con una dosis) que ya supera el 25% en la Comunitat Valenciana, las previsiones del programa de vacunación para las próximas semanas y la buena climatología, que el año anterior ya nos dio una confiada imagen de cómo baja la carga del virus en estío, todas estas razones nos dan a entender, en conjunto, que se abre un tiempo de esperanza para que todos nos planteemos la cercana posibilidad de abrazar a nuestros familiares sin reparos.

Tocarnos

Que podamos volver a ver a los amigos, tocarlos, reírnos, juntarnos en terrazas, alzar nuestras copas, apurarlas y entrar en un bucle en el que se repita este sagrado mantra: ‘otra ronda’, como la gran peli danesa de esta temporada. Y brindar por la vida y por los que nos encontremos en ese momento y volver a brindar por los que ya no podrán venir. Y un brindis, más por los que nos cuidaron y salvaron, directa o indirectamente.

Si algo hemos sacado en claro de este estado ‘en pausa’ en el que llevamos más de un año es que necesitamos vivir, con prudencia, pero como antaño. Disfrutando de un teatro, de un concierto, transitar sin miedo por una plaza o mercado en pleno bullicio… ¡Viajar! Salir de nuestro encierro. Mirarnos a la cara, reconocernos, ver rostros completos con sus narices (algunas, desde luego, nunca cupieron tras la mascarilla) y sobre todo ver sus bocas, disfrutar de los gestos que nos ha robado esta pandemia que ya nunca olvidaremos.

Veros la cara

Hoy no quería hablar de política. Hoy los importantes sois todos vosotros, a esos a los que tengo ganas de veros, ya pronto, el rostro, la cara, el jeto, la faz, el careto, el semblante, el morro… el gesto en el que reconozca que vosotros también os alegráis de vérmelo. Y emular como en aquella peli de ‘Avatar’ donde un simple: ‘Te veo’ significaba tanto o más que un ‘te quiero’.     

Pere Ferrer Sanchís, consultor en comunicación en Agua y Sal Comunicación. Podéis seguir las andanzas de Pere en Twitter e Ig. Artículo publicado en la edición de mayo de El Periódico de Aquí .

         

¡«Ira, chacha», qué lengua más bonica!

Si alguna vez habéis estado en mi pueblo, Ayora, seguro que habéis escuchado la expresión: «¡Ira chacha!».

Es una de las locuciones más características del municipio, apócope de «mira muchacha» y también el título de los libros publicados por el escritor local, José Martínez Sevilla. A Pepe le debemos esta recopilación de palabras tan especiales con las que nos hemos criado. Un diccionario del que el propio Miguel Delibes dijo: «Muy minucioso, donde se encuentran palabras y expresiones hondamente originales del lenguaje de Ayora».

Libro de José Martínez Sevilla, conocido como «Pepe» en Ayora.

 

Yo todavía conservo muchas de esas palabras y, en ocasiones, me gusta utilizarlas, ya que crecí escuchándolas y me gustaría que perdurasen. «Abonico» (en voz baja), «bambolla» (ampolla), «bonico» (aquello que resulta bien, se dice que queda bonico). Y también «calvizón» (cachete), «capuzón» (tirarse de cabeza al agua) o «escarcil» (alcachofa), ¡y son solo algunas! Muchas de estas expresiones nos recuerdan a vocablos valencianos, y es que Ayora es un municipio del interior de la provincia de València, próximo a la provincia de Albacete.

Además de este peculiar lenguaje, Ayora tiene mucha historia y lugares preciosos para visitar. A tan solo 140 kilómetros de Valencia, podéis visitarla y pasar un día maravilloso en su castillo, que se alza sobre un cerro de 640 metros de altitud, varias iglesias y la ruta del «hilo rojo», que permite conocer todos los rincones de la población. También podéis aprovechar para comprar miel, el producto estrella de la gastronomía, al ser uno de los mayores centros de producción de miel de toda España. Y, sin lugar a dudas, degustar los gazpachos ayorinos, el plato típico.

¡Allí os daremos una gran bienvenida!

Desirée Tornero es directora de Agua y Sal comunicación, apasionada por la vida buena y 100 % ayorina. La podéis seguir en RRSS como @deseada73 o @desireetornero

Benvingut el cinema bilingüe!

Acabamos de dejar atrás una Gala de los Goyaprou especial! Y nos ha servido para acabar de asentar la verdadera realidad no bilingüe, más bien plurilingüe de nuestro país de países. Així som, qué collons!

Hay cine que se hace en euskera, gallego, catalán… pero no solo eso, empezamos a recuperar en según qué ‘pelis’ o series acentos, giros típicos de un territorio u otro. El resultado: hacen más veraz, cercana y creíble la historia que cada uno nos cuenta. Y no sé, porque no he visto las últimas Akelarre o Ane, cómo se desarrollan estas cintas en materia de diálogos. No sé si son monolingües o bilingües, pero lo que si se evidenció como una verdad verdadera es la realidad del valenciano en La boda de Rosa.

La cinta de Iciar Bollaín (madrileña) con un reparto en el que coinciden actores y actrices de Madrid, Cataluña, País Vasco y cómo no, València, está ambientada entre la capital de la Comunitat y Benicàssim y representa a la sociedad valenciana tal cual es. Por mucho que quieran vendernos una moto diferente, somos una sociedad bilingüe (aunque no al 100 %) si nos referimos al habla, y bilingüe en su totalidad si nos referimos a quienes entienden por igual el valenciano y el castellano. En La boda de Rosa se alternan los diálogos en nuestras dos lenguas cooficiales con una normalidad y naturalidad propias de lo que vivimos día a día en nuestras plazas y calles. Gent que parla en valencià, amb gent que et pot contestar en castellà i la conversa no es trenca, continua amb la fluïdesa pròpia de la nostra realitat mediterrània.

Som gent oberta, flexible, capaç de canviar d’una a altra llengua sense trencar l’harmonia que reforça la nostra presencia. I el més important, tenim sentit de l’humor com el que retrata també la comèdia Mi amor perdido on els ‘protas’ comparteixen un gat que soles atén en valencià.

I hi haurà gent que al ficar-se seria es passarà al castellà (o al revés), gent que traurà la seua millor cara parlant en valencià (o li passarà en castellà), gent de tota condició però que viu una mateixa realitat. Discrepe dels sectaris que defenen a capa i espasa un valencià, això sí, llarg temps vilipendiat, o aquells valencians ‘españolitos’ que imiten per norma l’accent de secà… ni uns ni d’altres representen la vertadera realitat valenciana, aquella que ens va obrir, inclòs, les portes de Roma, de la ma dels Borja, passant del valencià al italià o el que faça falta.

El valencià real es com aquell Salvatore de El nombre de la Rosa que parlava mil llengües, però tenia la virtut de, en acabant, de fer-se entendre.

A les hores, el cinema ens acosta més a la realitat de les societats que retrata quan s’expressa en les diferents llengües que hi es parlen.

Cinema, no patisques… tornarem!        

Pere Ferrer Sanchís, consultor en comunicación en Agua y Sal Comunicación. Podéis seguir las andanzas de Pere en Twitter e Ig.

Somos de radio

El 13 de febrero es la fecha proclamada por las Naciones Unidas como Día Mundial de la Radio.

Es curioso saber que la iniciativa para el establecimiento oficial de esta celebración internacional partió de la Academia Española de la Radio; de manera que, en 2011, la propuesta fue finalmente presentada por la Embajada de España en la UNESCO, así como también por la Misión Permanente de España en la ONU. Ya han pasado diez años desde que la radio recibe este merecido homenaje, pero nos viene acompañando desde finales del XIX cuando se inventó, aunque las primeras transmisiones comenzaran a principios del siglo XX y entre Tesla y Marconi se reparten hoy los méritos.

En Agua y Sal Comunicación nos sentimos muy vinculados a la radio por su función informativa, de inmediatez y a la vez próxima, de acompañamiento, íntima. La radio le da voz a la palabra y nosotros siempre nos hemos identificado con todo lo que implica comunicar de manera transparente y cercana.

Pere Ferrer en Onda Eñe

 

Pere Ferrer y María José Moreno en Onda Eñe
María de Quesada en Intereconomía Radio

 

Patricia Cervera en la radio del CEU

 

Somos de radio y hoy lo celebramos.

Pere Ferrer Sanchís, consultor en comunicación en Agua y Sal Comunicación. Podéis seguir las andanzas de Pere en Twitter e Ig.

 

Viajar en el Puente de Octubre en 2020, así lo hemos hecho en Agua y Sal Comunicación

Si hay algo que tenemos en común todas y cada una de los y las que formamos el equipo de Agua y Sal Comunicación es que nos encanta viajar, y cuando podemos aprovechamos para hacer alguna escapada, así que este puente no ha sido menos. Ya sea por la terreta, a medio camino entre el Atlántico y el Pacífico o por la Ciudad de la Luz, cada uno hemos disfrutado de nuestro destino.

Empezamos con Cora, la que más millas ha recorrido, hasta París. “A día de hoy, la ciudad está vacía, solo nos vamos a encontrar con franceses y sus ajetreadas vidas en las terrazas de los restaurantes. La parte positiva es poder ver y hacer fotos a monumentos como Notre Dame o la Torre Eiffel sin apenas gente, o visitar el Louvre o el Orsay sin tener que comprar la entrada anticipada ni tener que esperar en colas eternas para acceder. Eso sí, monumentos menos típicos como las Catacumbas se han adaptado a un protocolo muy estricto de aforo y los parisinos han acaparado las entradas. Otro de los lugares que bajo mi punto de vista merece la pena visitar ahora es Disneyland París. Si habéis estado, seguro que recordáis las colas eternas en las atracciones, pues bien, nada de eso ocurre en estos tiempos (y menos entre semana), en el parque hay poquísima gente y muchas medidas de seguridad, el tiempo allí se aprovecha muchísimo más con esta situación”.

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Cora en la catedral de Notre Dame en reformas tras el incendio y solitaria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desirée ha preferido quedarse en España, pero se ha ido lejos, a la Tacita de Plata. “Ya es la tercera vez que viajo a Cádiz y siempre vuelvo con muy buen sabor de boca, no solo por el atún (riquísimo) también por sus enormes playas, sus murallas, su cultura. En sus 260 kilómetros de costa atlántica destacan sus extensas playas y arena fina, y lo que más sorprende, muchas de ellas aún no urbanizadas. En la Costa de la Luz me quedo con la Playa de Bolonia en Tarifa. A pesar del viento, que prácticamente siempre hace, esta playa es inmensa y sus dunas la hacen diferente. Es precioso ver la cantidad de gente que hay haciendo kite surf, por lo que se forma un paisaje colorido que no puedes dejar de fotografiar. Además de Cádiz y Tarifa, es de visita obligada El Puerto de Santa María, Barbate, Los Caños de Meca, Conil de la Frontera o San Lúcar de Barrameda. Como dicen los seguidores del Cádiz CF “Salud, cadismo y libertad”

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Desirée, entre dos mares, Tarifa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

María José se ha quedado algo más cerca, en Dénia. “Lo importante era salir y cambiar de aires, y hacer un poco de turismo con la familia. Paseos y juegos en una playa casi desierta, ver el atardecer desde un espigón del puerto deportivo y turístico de Marina de Dénia y recorrer el castillo donde contemplar unas vistas espléndidas del mar, el puerto de Dénia, los barcos y también el Montgó. Un lugar de la costa Mediterránea que en los meses estivales se encuentra más masificado, pero ahora en octubre hemos podido disfrutar tranquilamente. Un primer viaje seguro que nos ha animado a preparar futuras escapadas. Ya que conocer nuevos lugares, es una forma de aprender, sobre todo si te acompañan miradas de niños que disfrutan con todo lo que es diferente”.

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María José, disfrutando en familia de los atardeceres de Dénia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pere ha optado estos días por recorrer las calles del Cap i Casal, coincidiendo con la fiesta de todos los valencianos. “Optamos por un paseo en familia y con amigos en tranvía desde Burjassot hasta el Pont de Fusta, entrando por la calle Navellos, donde se encuentran Les Corts Valencianes, detenerse en la Plaza de la Virgen, pasar por la calle del Palacio Arzobispal hasta la Plaza de la Virgen, calle San Vicente, Plaza del Ayuntamiento, Guillem de Castro y San Agustín. Todo ello, disfrutando de un bullicio controlado y un transitar de curiosos, turistas y vecinos ordenado. El resto del puente, y con un partido de fútbol de nuestro pequeño Ricard de por medio, nos desplazamos a la pequeña localidad de Yátova, reconociendo paisajes de la Hoya de Buñol que hacía mucho tiempo por los que no transitaba. Además de una jornada de senderismo matutino por la Sierra de la Calderona, muy cerca de la Cartuja de Porta Coeli. ¡Hay tantos espacios ‘al costat de casa’ por descubrir!”.

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Pere nos enseña la Plaça de l’Ajuntament de València en la celebración del 9 d’octubre

 

 

 

 

 

 

 

 

Esperamos haberos dado alguna idea para próximas escapadas. ¿Cómo habéis aprovechado vosotros estos días? ¡Tomamos nota de vuestros planes!

Hablemos del suicidio

Hablemos. Y empecemos por nosotros, los medios de comunicación y profesionales de la información. Pero, ¿por qué hablar del suicidio?, ¿en serio? Si siempre nos dijeron en la carrera de periodismo que ese tema mejor ni rozarlo. Pues nos equivocábamos, y ahora hay que desaprender lo que nos enseñaron y aprender a comunicar, y hacerlo bien.

Por cada vez que hemos silenciado una realidad que, lamentablemente, se lleva diez vidas al día, hablemos. Las muertes por suicidio duplican a las de accidentes de tráfico, superan en once veces a los homicidios y en ochenta a los de violencia de género y es la primera causa de muerte no natural en España. Pues empecemos a tratar el suicidio en los medios de una vez por todas y hagámoslo bien. Y aquí reside la incomodidad, que nadie nos enseñó ni enseñó a las personas que nos enseñaban. Entonces, ¿por dónde empezamos?

El silencio de los medios

Los suicidios aumentaron en Estados Unidos un 10% tras la muerte del actor Robin Williams en 2014. En España, los casos crecieron un 17% tras el suicidio de Antonio Flores en 1995. ¿Tuvieron que ver los errores periodísticos en estos incrementos? Las personas expertas creen que sí.
Fallar en el tratamiento del suicidio (publicitar el método, el lugar, simplificar las causas…) puede provocar un efecto contagio en personas vulnerables. Acertar, al contrario, puede ser un pilar muy importante en la prevención. Pero no es sencillo informar bien sobre el suicidio. Tantas décadas de silencio ha dejado al periodismo huérfano de formación.

Buscando, buscando, ha llegado a mis manos el libro Hablemos del suicidio, escrito por el periodista de tribunales y sucesos de El Diario de Navarra, Gabriel González Ortiz. Hoy en día, Gabriel González forma parte de la Comisión Para la Prevención de Conductas Suicidas del Gobierno de Navarra creando lazos entre las instituciones, profesionales de la sanidad y la psicología y medios de comunicación. En sus páginas, el periodista afirma: «Se trata de hablar, pero bien. Es la idea. No podemos detallar el método con el que se ha suicidado una persona, ni publicitar una nota de suicidio. Tampoco simplificar la causa ya que obedece a una multitud de factores». Por el contrario, hay que destacar el fenómeno global y divulgar las estadísticas, contextualizándolo siempre con las personas expertas, así como difundir estudios. También dar voz a las personas que han perdido a un ser querido y aquellos que han sobrevivido a una tentativa».

Esta es una pincelada de la mucha y valiosa información que recoge este libro necesario en todas las universidades de comunicación y periodismo de España. Aquí os lo dejo.

Internet habla de suicidio

El Consejo Audiovisual de Cataluña elaboró un informe en mayo de 2017 buscando en Internet todos los contenidos asociados al suicidio. En Google aparecían 18,7 millones de resultados. El Consejo estudió una muestra bastante amplia de este total y concluyó que el 10% (1,8 millones de resultados) eran contenidos de riesgo. Hicieron la misma búsqueda en YouTube y determinaron que más de medio millón de contenidos eran de riesgo. Es decir, ya se está hablando del suicidio, y no lo hacen precisamente las personas más indicadas. En este sentido, Gabriel González declaró en una entrevista con el Diario de Navarra que cree que los medios de comunicación, asesorados por los profesionales que saben de este tema, «debemos dar un paso al frente, ejercer nuestra jerarquía y cumplir con nuestra función de servir a la sociedad. Tenemos que contribuir a cambiar la conversación pública en torno al suicidio».

La niña amarilla

Cuando tenía quince años intenté suicidarme y, después de veinticinco más, me hallo inmersa en un proceso intenso y muy personal en el que estoy abriéndome al mundo para contar mi historia y la de otras personas que un día quisieron desaparecer. Se trata de un proyecto de libro en el que, bajo el título La niña amarilla,  cruzo al otro lado del miedo para contar los relatos de personas que alguna vez han tenido pensamientos suicidas o hayan intentado acabar con su vida, empezando por el mío.

Estoy convencida de que abrazar a nuestras/os niñas/os amarillos es el primer paso para digerir la experiencia y transformarla en amor, y ese es el objetivo. Por el camino, quiero abrir un espacio en los medios y en la sociedad para hablar de este problema social que nos hiela y paraliza, hasta el punto de hacer que estas muertes sean invisibles. Pues no lo son, el sufrimiento de las personas supervivientes continua, el estigma social está presente y la vergüenza y la culpa nos acompañan hasta que entre todos y todas decidamos romper el tabú y, por fin, hablar.

Pues hablemos de suicidio, y hagámoslo mejor.

María de Quesada es periodista y profesora de yoga. En Agua y Sal Comunicación gestiona RRSS y crea contenidos, puedes encontrarla como @MariaDeQuesada en las redes.

Teletrabajo para todos los cuerpos

Es indiscutible que la era post COVID-19 nos regalará nuevas maneras de trabajar con «tele» delante. ¿Hemos conseguido entender lo que significa trabajar a distancia y adaptarnos sin entrar en estado de agotamiento máximo?

El año 2012 marcó mi entrada en el maravilloso mundo del teletrabajo de la mano de la empresa americana Yelp. Yo me lo guisaba y me lo comía prácticamente todo. Me ponía mi horario, marcaba mis objetivos (siempre con la ayuda de nuestro guía y gran jefe Francisco Rábano), decidía cuánto tiempo invertía en qué y me marcaba metas semanales, mensuales, trimestrales y anuales. Toda una odisea para mí, que aterrizaba de un mundo de productoras de TV en oficinas con horarios de entrada y salida, hubiera trabajo o no, y tuviera más o menos sentido.

Me dieron un Mac y me echaron a volar. 

El primer año, sin hijos/as todavía y con embarazo, me pillé trabajando desde la cama, el bar de abajo de casa y el váter. Me dieron un Mac y me echaron a volar.  A cualquier hora del día sacaba el ordenador de debajo de las piedras para conectarme y parecía que el trabajo, que además adoraba, lo invadía todo. Y lo que más ocupaba era mi mente que jamás dejaba de idear, maquinar y traer hacia el frente (como la opción de Canva) más y más propuestas para mi proyecto de comunidad Yelp en València. Y detrás de toda esa maraña de ideas había horas y más horas delante de un portátil que fue como mi primer hijo antes de tener a Alfredo.

Y me agoté.

Me di cuenta de que no era la única que guardaba el portátil debajo de la cama  y se escondía de su pareja para abrir la pantalla un rato y «hacer solo unas cositas». Si lo has vivido sonreirás.

Me enganché totalmente.

Y no estaba sola.

Con la ayuda del gran equipo que tuve y un montón de personas que ya habían pasado por esta situación, aprendí a gestionar mi tiempo y a poner barreras físicas y mentales al trabajo. Es una práctica, y ocho años después sigo revisando continuamente estas rutinas saludables para el teletrabajo que comparto para quien le sirvan:

  • Priorizar a diario y semanalmente. Utilizo Google Calendar (aunque hay muchas herramientas) para asignar tareas a mis horas de trabajo.
  • Soy realista con el tiempo que dispongo y las tareas a realizar. Nunca me pongo más de tres tareas en un día y si resulta que las acabo y me sobra tiempo, pues fenomenal. Marco una como prioritaria (esa va a quedar hecha sí o sí) y las otras dos a continuación. Para marcar mis tareas utilizo la herramienta Momentum, que además es bonita y te da frases inspiradoras. Y las listas inacabables de tareas no van conmigo, me estresan más que motivarme.
  • Me pongo pausas. Soy incapaz de rendir tres horas seguidas sin parar a beber, estirarme o, ahora que los tengo tan cerca, jugar con mis peques.
  • Me motiva ponerme algo al fin de una tarea (bajar al perro cuando vivía, llamar a mi madre, bailar, cantar…).
  • Salir del entorno es refrescante. Si puedes, ¿por qué no ir a una terraza delante del mar a trabajar? El Wifi lo puebla casi todo y es un lujo que el teletrabajo te regala.
  • Ordenar y limpiar mi mesa se refleja en mi mente.
  • Separar los espacios en casa. Saber que el trabajo no lo ocupa todo porque se queda en la habitación que hayas decidido.
  • Coger las llamadas de mi madre siempre. Nada de lo que hago salva vidas y ella es más importante.

Seguro que me dejo muchas, pero estas son algunas de las que más me sirven cada día.

Por otro lado, estamos viviendo una situación temporal y excepcional en la que las personas que tenemos peques nos las vemos canutas para trabajar con ellos/as en casa. El teletrabajo nunca ha incluido dar clases de lengua, mates o sociales a los/las niños/as en horario laboral. Así que, si todavía no disfrutas de todas las ventajas del trabajo en remoto y estás deseando volver a la ofi, dale una oportunidad cuando esta excepcionalidad pase.

En Agua y Sal Comunicación teletrabajamos desde hace años cuando hace falta por motivos personales, de salud, familiares, para conciliar y en verano, por defecto. Lo tenemos integrado y la llegada del COVID-19 no nos ha pillado en ropas menores.  Y el equipo lo agradecemos mucho. Si eres empresaria/o y no confiabas en que las personas pudieran hacer su trabajo desde casa, ¿ya has observado que no solo sí pueden sino que, en muchos casos, lo hacen mejor y producen más?

Que cada día seamos un poquito más libres. Y para decidir si queremos teletrabajar  o no, también.

María de Quesada es periodista y profesora de yoga. En Agua y Sal Comunicación gestiona RRSS y crea contenidos, puedes encontrarla como @MariaDeQuesada en las redes.

Lecciones que aprendimos al enfrentarnos a un nuevo virus

Nuestras vidas se pararon de golpe. Cabía imaginar que las noticias que venían de China invitaban, cuanto menos, a implementar medidas de prevención. Pero nos estalló en la cara como esa bofetada que nos deja sin aliento.

Y en ese estado de shock transcurrieron los días que se tornaron en semanas. Sin duda, un camino largo y doloroso en el que hemos visto cómo las estadísticas y cifras han servido para difuminar nombres y apellidos de miles de muertos, pese a que la sociedad y los medios, algunos de ellos, hayan querido compensar esa carga emocional que merece el duelo.

Y por ese tortuoso camino hemos aprendido cuestiones que nos acompañarán para los restos:

Hemos apreciado que nuestra casa es nuestro feudo.

Sabemos que la familia es nuestro escudo y nuestro consuelo.

Hemos puesto cara a un vecindario que antes era un auténtico desconocido.

Le hemos dado a terrazas y balcones una dimensión en la que pocas personas creyeron.

Apreciamos la música como ese canal de expresión que nunca debió dejar de serlo.

Aprendimos que las residencias se crearon para CUIDAR y no para CURAR. No los criminalicemos.

Supimos que nuestros cuerpos sanitarios son ejemplares y excepcionales, pero el modelo en el que se rigen es más que mejorable.

Asumimos que hay crisis imposibles, pero eso no disculpa que las personas con cargos políticos, todas, sean de poca talla. Dentro y fuera de nuestras fronteras.

La industria nunca debió desaparecer de nuestro territorio.

La globalización ha sido un arma de doble filo capaz de lo mejor y de lo peor.

La tecnología ha sido la gran aliada a la hora de mantener las relaciones familiares y laborales.

Los pueblos y los/as niños/as se han rebelado más fuertes que las ciudades y que, desgraciadamente, las personas mayores.

Las personas con uniforme o sin él han recuperado el valor que como profesión de servicio siempre merecieron.

Hemos comprobado como la cadena de solidaridad ha crecido entre familias y empresas demostrando que somos una sociedad que vale la pena.

En definitiva, hemos aprendido muchas lecciones de esta pandemia. Ahora hace falta que aprendamos a vivir con prudencia pero sin miedo. Tenemos que vivir valorando lo próximo, disfrutando de las pequeñas cosas. Sabiendo que somos vulnerables, pero que nos mueve la esperanza de saber que todo irá bien.

 

Artículo de Pere Ferrer Sanchís, consultor en comunicación en Agua y Sal Comunicación, publicado en la edición de mayo de El Periódico de Aquí. Podéis seguir las andanzas de Pere en Twitter e Ig como @perefe (s)

Dejar de comunicar nunca fue la opción, ni en tiempos del coronavirus

Mantener vivo el contacto a través de la comunicación nos transmite cierta normalidad y que hay luz al final de la espera

¿Por qué crece el uso de datos?

¿Por qué aumenta la interacción en redes?

¿Por qué sube el número de visitas a medios digitales?

¿Por qué ‘hierven’ los grupos de Whatsapp?

¿Por qué la voz de la radio ya es uno más de la familia?

¿Por qué intentas relativizar pero conectas con el telediario de las 15 y/o las 21 horas y te lo ‘tragas’ como cuando antes lo hacías con la información del tiempo?

En definitiva, ¿por qué salimos a los balcones?

Vale, bueno, sí, todo pasa porque estamos confinados en un estado de alarma con prórroga incluida y quién sabe si habrá penaltis por el coronavirus. Pero, sobre todo, pasa por una sensación inherente a todas las personas, incluso a aquellas que se aíslan y guardan voto de silencio, a estos últimos les queda la conexión espiritual. En resumen, pasa porque todos tenemos una gran necesidad de COMUNICAR. (Al final del artículo os dejamos nuestro decálogo de razones para descargar). 

Por eso en Agua y Sal Comunicación nos sumamos a la campaña del Colegio de Publicitarios de la CV que anima e insiste en una idea básica: #NoDejesDeComunicar

Y en este artículo te vamos a dar 10 razones reveladoras para no dejar de hacerlo.

Comunica:

1) Porque necesitamos verdades verdaderas:

Claro que no hay que dejar de comunicar y menos ahora, que hay una necesidad acuciante por saber y por SABER con mayúsculas, con garantías. No mientas, nunca ha sido una opción para los que nos dedicamos con corazón a esto, pero también es verdad que la falta de educación, principios e intrusismo han hecho mucho daño a la profesión.

2) Porque no somos héroes ni heroínas:

Claro que no hay que dejar de comunicar, porque hay muchas organizaciones o empresas que están viviendo en un presente imperfecto y asumiendo, sin darse cuenta, un papel principal. Comunica pues, no para sacar pecho, sino para hacer cundir el ejemplo. Estamos en un momento en que toda ayuda es bienvenida.

Por ejemplo, sabemos que la Federación Española de Asociaciones de Puertos Deportivos y Turísticos mantiene, estas semanas contacto directo con los puertos miembros para saber cómo deben actuar.

Toy Planet comparte artículos para hacer más llevadero el día a día con los niños en casa.

Rugby Club Valencia mantiene un estrecho contacto con sus jugadores y nos va contando cómo vive la experiencia cada uno.

Fevec, Arival o Avemcop realizan un trabajo de seguimiento ante las directrices que marca el Gobierno y refuerzan la comunicación con sus asociados, para prestar apoyo, información y asesoramiento.

El Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos en la Comunidad Valenciana impulsa su función de apoyo desde el teletrabajo, ofrece descuentos en sus cuotas a colegiados afectados por ERTES o en situación de desempleo y refuerza sus acciones formativas online.

El objetivo es mantener una comunicación activa en la que mostrar opciones de relacionarse y ser útiles durante el aislamiento.

3) Porque tampoco somos villanos:

Claro que no hay que dejar de comunicar, porque la situación es crítica y si tu organismo o empresa se halla dentro de ese torbellino que te arrastra, tu entorno y la sociedad, en general, agradecerán tu predisposición y transparencia, por cruda que esta sea.

El eco hotel Mar de Fulles ha dado ejemplo y se ha convertido en un modelo dentro de la hostelería y restauración como alojamiento sostenible. Esta situación de cierre temporal les ha conducido a tener que hacer un ERTE para poder hacer una pausa en este camino, y así lo han comunicado a sus clientes, proveedores y amigos. Mientras, todo el equipo de Juanma espera con ganas que pase esta situación para seguir ofreciendo el mejor servicio.

El Puerto Deportivo y Turístico Marina de Dénia ha tenido que cancelar el 13º Salón Náutico de Dénia y lo ha tenido que comunicar a expositores y visitantes. La organización ya está trabajando en la edición del próximo año con ganas y mucha motivación.

4) Porque #Estopasará y #TodoIráBien:

Claro que no hay que dejar de comunicar, porque #estopasará y #todoirábien, es lo que todos deseamos y el hecho de no haber dejado de comunicar nos dejará en buena situación para afrontar los retos que, a partir del final de esta pesadilla, deberemos afrontar. Mantener viva la comunicación nos transmite cierta normalidad y que hay luz al final de la espera.

Cuidum ofrece asistencia domiciliaria a personas mayores y en estos tiempos de coronavirus redobla esfuerzos atendiendo peticiones, consultas, ofreciendo su red de profesionales cuidadores y cuidadoras, ajustando protocolos de seguridad, informando a través de un chat médico, porque son conscientes de que la salud es lo primero.

5) Porque hay que poner orden y cordura ante la saturación informativa:

No todo vale, ni debió de valer nunca, pero los comunicadores se enfrentan al bulo, a la falta de rigor, al intrusismo informativo que hace de la comunicación una función perniciosa y a la pérdida de criterio entre los receptores. Apliquemos lo que escuchaba a una compañera días atrás: sesgo cognitivo. La información es una herramienta útil, la desinformación es como nuestros mayores llamaban a la publi: propaganda.

De esto nuestras compañeras de RETAIL Future, María José y Mayte, no solo saben mucho, sino que son un AZOTE frente al bulo y la desinformación. ¡Sigan así, compañeras!

6) Porque debemos estar más unidos y unidas que nunca comunicando:

No todo vale, ni debió de valer nunca, pero es tanta la fragilidad en la comunicación que hasta hubo que preguntar en rueda de prensa telemática si la función periodística era una actividad esencial.¡Ay mísero de mí, y ay, infelice!¿A tal punto hemos llegado?

No hay periodistas de primera ni de segunda, por aquellos que optaron en su momento por la comunicación corporativa. Déjense los primeros de ‘mamandurrias’, su función es más precaria que nunca y para recuperar la posición que un día ostentaron necesitamos estar en sintonía: periodistas, consultores y consultoras de comunicación, relaciones públicas, diseñadores/as, creativos/as, gestores/as de contenido digital, periodistas gráficos, publicistas y, sobre todo, que los consejeros/as delegados/as, CEOs y directores/as entiendan a partes iguales la función mercantil y la informativa.

El Periódico de Aquí y su editor Pere Valenciano y resto del equipo es un claro ejemplo de modelo rupturista con lo establecido, independiente y por ende ‘sensible’ a estos tiempos difíciles. Mantengamos viva esa idea de que el papel, el periodismo de proximidad y el refuerzo como portal digital informativo tienen cabida en lo que tenga que venir tras esta crisis sanitaria, social y económica.

7) Porque las generaciones jóvenes, que se han hecho mayores de repente con esta crisis que estamos sufriendo, necesitan buenos referentes. Seamos un buen ejemplo para ellas. Necesitan ver que los valores que mueven ahora a las empresas son los de colaboración, apoyo y solidaridad. Que esos son los que realmente importan y los que nos sacarán de esta situación. Y por eso les tenemos que contar cómo lo estamos haciendo.

NosotrasDeportistas.com nos han permitido hacer con ellas una carrera de larga distancia. No solo la 10KFem, sino todo lo que ha requerido en materia de comunicación, hasta ver finalizada una prueba que ha servido para seguir escalando en ese propósito de igualdad real entre hombres y mujeres.

8) Porque las instituciones (todas), porque los/las políticos/as que las ostentan (todos) entiendan que su función es pública, PUNTUAL y de servicio. Porque necesitamos gestores/as honestos/as, ni corruptos/as, ni sectarios/as. Y la comunicación debe ser la herramienta que evite desmanes y despropósitos como los tristemente vividos. ¡Ay si todos y todas comunicásemos con todo lo que ello conlleva! Sí, sí, comunicar también significa escuchar. ¿Y si lo hacemos por ese orden, primero escuchar y luego hablar? Quizá de esa manera nos daríamos cuenta de que las cosas no son blanco o negro y que lo que la sociedad necesita es unión, no enfrentamientos.

En Agua y Sal Comunicación siempre hemos trabajado por proyectos y cuando nos han dado la opción, si nos los hemos creído y apostado por ellos, nos han dado igual ideologías, signos o banderas. La comunicación debe ser tan independiente como secreto nuestro voto.

9) Porque tenemos ante nosotros un nuevo reto:

Porque esta crisis del #COVID19 nos ha sacudido a todas las personas por igual de un modo inesperado, nos ha puesto a prueba, nos ha planteado un reto desconocido, ha alterado todos nuestros planes, ha dado al traste con nuestros objetivos y una nueva manera de hacer las cosas debiera emerger a partir del día después en que hayamos vencido a esta pandemia. Todos y todas hemos pensado en qué será lo primero que hagamos cuando podamos salir, y seguramente, nadie haya dado con la respuesta acertada, no por nada sino porque no tenemos ni idea de cómo va a ser ese día. Eso sí, una cosa es segura, si hasta que llegue ese momento hemos comunicado, iremos con ventaja.

Y daremos las gracias a todos las organizaciones o empresas que a lo largo de este decálogo hemos citado y a tantas otras que, en algún momento, han confiado en nosotros: Exit Up, Talentum, Colegio de Médicos de Valencia, Estudio Bueno, Peñacañada Club Deportivo, La Mujer del Presidente, Disciple Toys, Investmat, IVACE Internacional, Radio Intereconomía Valencia, Publicesa, Ecological, etc.

10) Porque una nueva forma de hacer las cosas se impondrá:

Y esa nueva manera de ‘hacer’ sacudirá por completo todos y cada uno de los procesos que están relacionados con la comunicación. No nos servirá pasar página y hacer como que esto nunca ha sucedido. Caeríamos en el error que nos puede llevar a equivocarnos con el tiempo.

También es verdad que son muchas las secuelas que en la sociedad y a nivel político, económico, comercial y sobre nuestro propio bienestar y salud, esta pandemia va a dejar. Y será difícil abstraerse de ello.

Se abrirá pues una nueva manera de relacionarnos, de comunicarnos y debemos estar preparados para ello. ¿Quién quiere perderse, pues, esa nueva estrategia comunicativa que se presenta más clara, diáfana, directa, empática, cercana y amable? Así entendemos que será la comunicación que viene. Y en Agua y Sal Comunicación os invitamos a no perdéroslo.