Soñar, proyectar, visualizar, crear

¿Con qué sueñas?, yo con ir a la India con mi mentora de yoga, viajar al Tíbet, explorar la meditación con niños y contárselo a mis hijos y todo al mundo, compartir mis pasiones y que las demás personas compartan las suyas conmigo.

Seguir creciendo, aprendiendo, fluyendo por esta vida que me encanta vivir con todas sus contrariedades. Rodearme de personas que me inspiran y participar en proyectos con los que me siento conectada. La lista sigue y sigue. Y este año he decidido crear un documento visual y físico para plasmarlos en mi pared y poder verlos cada día. En inglés le llaman vision board y en español es algo tan bonito como el mapa de tus sueños.

El mapa de tus sueños

En mi experiencia, para materializar los sueños el primer paso es ser consciente de ellos, visualizarlos y empezar a proyectarlos en el mundo cuántico que vivimos a través de una cosa tan sencilla como recortes de revista, dibujos, pegatinas, trozos de cosas que te recuerden o representen lo que quieres crear en tu mapa. De esta manera, a golpe de vistazo, podrás ver cada día por lo que estás vibrando: tus sueños. ¿A que emociona? Ya tenemos bastantes tareas en la lista como para añadir una que sea pesada, así que yo elijo ilusionarme, llenarme de la energía que me transmiten todas las cosas que quiero atraer a mi vida en este recién estrenado 2020 que va a ser mágico. Y por ahí empiezo a verme rodeada de niños meditando, haciendo yoga en la India con mi profesora al amanecer, viajando o estudiando.

Una vez has soñado tu sueños, proyectado tus ideas y visualizado tus proyectos queda pasar a la acción. ¿Cómo vas a materializar esos sueños? Solo depende de ti el que pasen a formar parte de la realidad, y todo pasa por soñarlos primero. La primera vez que me preguntaron que cuáles eran mis sueños me quedé un rato pensando sin saber qué contestar, ahora podría escribir un post cada día con cientos de ellos. Me veo en 2020 cumpliéndolos todos, llena de gratitud y sabiendo que todas las personas podemos conseguirlo si nos lo proponemos. ¿Te apuntas al mapa de los sueños?

María de Quesada es periodista y profesora de yoga. En Agua y Sal Comunicación gestiona RRSS y crea contenidos, puedes encontrarla como @MariaDeQuesada en las redes.

La isla de Alice, una historia de esperanza y superación

Alice pierde de un plumazo a su marido Chris en un trágico ¿accidente? y el mundo se para. Ella está embarazada de su segunda hija y su vida se contrae como su propio útero: empieza la vida D. C. (después de Chris). La primera novela para adultos del director de cine y guionista Daniel Sánchez Arévalo nos sirve la tragedia y el humor en el mismo plato.

Me sorprendió que Alice decidiera mudarse de su pueblo natal después de Chris. Sola, con un bebé recién nacido y una niña de seis años, tenía que empezar de cero sin familia ni amigos en una isla que a lo largo de cuatrocientas páginas se convertirá en un refugio de sí misma y en un reflejo de la esperanza de encontrar pistas. Porque Alice, desde que descubre que Chris no murió en la carretera que decía estar, decide emprender una investigación digna de cualquier cuerpo completo de policía de serie de Netflix para llegar a la verdad.

Chris llevó a Alice desde Providence (Rhode Island) hasta la isla de Robin (no la busquéis porque es inventada), cerca de Cape Cod (EE.UU) y allí empieza todo, ¿o termina? Me hubiera gustado más que la novela hubiera estado ambientada en Menorca, por ejemplo, porque me siento más identificada, está más cerquita y seguro que es igual o más bonita que la descrita por Sánchez Arévalo. Pero entonces, como bien me indicó mi amiga Nuri (que me dejó el libro), no sería posible que Alice (o mejor Alicia en Menorca) osara dejar a su hija mayor sola en una casa durmiendo mientras se llevaba a un bebé recién nacido en un coche de golf por una isla nevada (bueno, no estaría nevada pero haría viento seguro) y por la noche; y todo esto para poner chivatos y cámaras en los locales y casas de sus vecinos isleños. Esa locura solo podría pasar en EE.UU.

Enganchada

La novela entretiene, y mucho. Engancha Alice por su humor negro que destaca desde la página uno cuando empieza a contar su vida D.C. Engancha la manera que tiene Arévalo de relatar, de describir cada uno de los personajes, de hablar del amor desde la profundidad de la cotidianeidad y sobre todo, engancha la historia no resuelta de un marido aparentemente ejemplar que, eso seguro, esconde algo que Alice necesita descubrir para poder seguir viviendo en paz. Finalista del Premio Planeta, La Isla de Alice es una historia algo enrevesada  que cobra vida en un escenario idílico y que retrata a la perfección la clase alta estadounidense. Es sorprendente el conocimiento que tiene Sánchez Arévalo de esta cultura tan lejana como presente en nuestras vidas.

En las entrevistas el director de cine habla abiertamente de las terapias porlas que pasó de adolescente y que le llevaron a contar su propia historia en relatos que hoy hacen las delicias de los lectores y fans de su cine. Todas las personas deberíamos plasmar de alguna manera nuestras angustias e inquietudes para no dejarlas ahí dentro, y su manera de hacerlo es maravillosa. Gracias, Daniel, te ha salido cachonda en todo su drama.

María de Quesada es periodista y profesora de yoga. En Agua y Sal Comunicación gestiona RRSS y crea contenidos, puedes encontrarla como @MariaDeQuesada en las redes.

 

 

 

 

 

«Septiembles» y septiembres

Cada vez que llegaba septiembre sentía que me caían encima sacos de correos electrónicos, libros de texto, almuerzos y compras de más de cien euros que me enterraban bajo una montaña de estrés y temblores. Perdía kilos solo de pensar lo que me venía y, a veces, las vacaciones no eran tales porque mi cabeza vivía en el futuro próximo. Ese mes: «sepTIEMBLE».

Ahora siguen pasando todas estas cosas, seguramente algunas más. Y aunque los kilos los siga perdiendo, mi septiembre este año ha empezado el día 1 y no de agosto, precisamente. Lo primero que hice, y que me ha servido de mucho, es escribir en un papel cómo pensaba que iba a ser mi mes y en otro cómo quería que fuera en realidad. Gracias a Soraya Soler (emprendedora y facilitadora) por este ejercicio tan saludable.

Pensar y querer

Pensaba que iba a ser un septiembre agobiante y estresante, aunque yo en realidad lo que quería era que fuera relajado y sentirme descansada. Pensar y querer, la intención es muy poderosa.

Lo segundo fue pasar el mes de agosto haciendo más lo que me apetecía en cada momento y no tanto lo que otros decidieran por mí. Decir más no, respetar mis espacios y no pensar lo que iba hacer o no sino dejar más bien que surgiera de mí. Fluyendo, fluyendo, me leí cuatro libros (alguno muy recomendable que os contaré en breve), estuve con mi familia, hice yoga, medité, viajé y dejé espacios sin hacer nada. Esto es lo que más me cuesta del mundo: dejar de hacer para ser. Sin embargo, cuanto más he practicado el no hacer, más cuenta me he dado de lo necesario que es para mí. Pues María, no hagas tanto.

Ahora que ha arrancado el mes con reuniones, coles, papeleos, clases y esas listas preciosas e infinitas, las miro y las veo con sonrisa. Voy tachando cosas, sí, pero una detrás de la otra y no todas a la vez en mi mesa, en mi cabeza y en mi cama. Por fin, ¡un mes de septiembre!

María de Quesada es periodista y profesora de yoga. En Agua y Sal Comunicación gestiona RRSS y crea contenidos, puedes encontrarla como @MariaDeQuesada en las redes.

 

Vacaciones perpetuas

El verano pasado me di cuenta de algo: durante demasiados años en mi vida había estado esperando a que llegaran las vacaciones laborales para apretar el botón mental de descanso.

Estaba totalmente habituada a que alguien, desde fuera, me dijera cuándo tenía que levantarme más tarde, ir a la playa con mi familia, acostarme tarde, leer en el sofá, irme de viaje o echarme la siesta.

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Un verano con niños son realmente vacaciones

Hace poco tiempo ya escribía sobre la necesidad de las vacaciones y el calor. Ahora ya se sienten más cerca.

La primera quincena de julio ya me llevo a mis niños a la playa, a descansar y a disfrutar del agua. Mientras lo escribo, se me escapa una sonrisa y me pregunto si vacaciones con niños son realmente vacaciones (suspiro).

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No hay lugar para los mezquinos

Desde este blog hablamos sobre libros, gastronomía, viajes, comunicación… Esta semana el post pretendía dar la bienvenida al verano, una estación que nos encanta, pero la noticia del suicidio de Verónica se me ha quedado en el estómago y da vueltas sin parar en mi cabeza. Cada detalle de este macabro suceso es más indignante, más asqueroso.

Todas y todos tenemos un pasado, vivimos el presente y buscamos un futuro, Verónica ya no.

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Por mí y por todos mis compañeros

En casi todos mis trabajos he apretado al máximo mi capacidad hasta quedar exhausta. No solo porque el trabajo lo requiriera, sino porque llevo de serie el piloto de darlo todo siempre. Y pienso que llegar a esos extremos no le interesa a nadie, ni a las empresas ni a nosotr_s.

Entonces, ¿cómo regular la energía que le ponemos a las tareas diarias del trabajo y de la vida? Para mí la clave está en el necesario descanso y en el autocuidado.

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Siete segundos bastan para socavar la moral si es frágil

 

Seven seconds, ¿les suena? Una canción de éxito y una letra con mensaje. Pero también es una serie nueva para un tema enquistado, antiguo, de siempre, que está ahí latente y que alcanza su máxima expresión en la sociedad americana. Un problema racial no resuelto.

Netflix presentaba meses atrás esta serie dramática a la que se le auguraba alguna que otra temporada más, pero que ha quedado al final en una sola.

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Ganas de compartir, ganas de formación

En Agua y Sal Comunicación nos encanta lo que hacemos o como dirían los incorregibles personajes de la saga Tintín (periodista universal), los hermanos Hernández y Fernández con su mítica frase: ‘yo aún diría más…’

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Mujeres y mujeres de Agua y Sal

Hoy es el Día Internacional de la Mujer y por eso quiero dedicar el post en el blog de Agua y Sal al alma mater de nuestra agencia, con permiso de Pere, él es el de los chistes (malos): Desirée, María José, María, y la que escribe, Cora; aunque tampoco me quiero olvidar de nuestras colaboradoras, Esther y Rosana.

Todas ellas son un ejemplo a seguir y si hay algo que tengan en común es su constancia y tesón.

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