Playa

Un verano con niños son realmente vacaciones

Hace poco tiempo ya escribía sobre la necesidad de las vacaciones y el calor. Ahora ya se sienten más cerca.

La primera quincena de julio ya me llevo a mis niños a la playa, a descansar y a disfrutar del agua. Mientras lo escribo, se me escapa una sonrisa y me pregunto si vacaciones con niños son realmente vacaciones (suspiro).

La primera prueba que nos pone el verano es el mes de junio, que siempre llega haciéndose notar. Sobre todo, porque las horas en el colegio se acortan y las tardes se deben ocupar con otras actividades. Empiezan los malabares del verano. Lo que voy aprendiendo con los años, es que, si estás dispuesta a buscar soluciones y planes, todo va saliendo y encajando. Al final con buena disposición todo es posible, hasta escaparse media hora a la piscina un miércoles a la hora de merendar. En mi situación, con un niño que cursa tercero de primaria y un bebé que está a punto de cumplir el año, he optado por la playa, aunque sé que juego con la ventaja de que tengo familia en la que apoyarme si lo necesito. Hoy en día, es una suerte contar con una tribu que te respalde en la crianza, ya sean abuelos, hermanas o amigas dispuestos a unirse a tus planes. Porque si algo, he aprendido siendo madre es que en compañía todo se lleva mejor, los posibles problemas se vuelven más banales y las crisis se convierten en anécdotas. A lo que iba, nos vamos a la playa.

¿Vacaciones?

Antes había barajado otras opciones: viaje de una semana con destino Londres, o a los Pirineos, (descartado porque veía muy difícil viajar tantas horas con el pequeño); buscar actividades para el mayor en la gran oferta que hay para el mes de julio (que en agosto ya es más difícil), desde talleres de pintura, idiomas, deportes…, para mantener ocupada la mañana y por la tarde recurrir al ocio urbano, (descartado porque no disfrutamos juntos); trabajar y dejarlos con los abuelos (eso seguro que toca la segunda quincena de julio). Así, una vez decidido el destino encaminamos nuestro objetivo a la diversión. Encontrar planes donde vivir experiencias y primeras veces con el bebé y encontrar actividades que sean una mini aventura con el mayor. También en la medida de lo posible, dedicar un tiempo a descansar. En este sentido, la afirmación del principio un verano con niños son realmente vacaciones, entiendo que para los pequeños sí, pero también lo tiene que ser para los adultos. Seguro que son diferentes a las de antes, son de otro tipo ya nunca solitarias y en silencio, pero hay que aprender a disfrutarlas porque ellos crecen y no se volverán a repetir de la misma manera.

María José Moreno es responsable de contenidos y gestión de RRSS en Agua y Sal Comunicación. También podéis seguirla en redes sociales: @MajosMoreno

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