Benvingut el cinema bilingüe!

Acabamos de dejar atrás una Gala de los Goyaprou especial! Y nos ha servido para acabar de asentar la verdadera realidad no bilingüe, más bien plurilingüe de nuestro país de países. Així som, qué collons!

Hay cine que se hace en euskera, gallego, catalán… pero no solo eso, empezamos a recuperar en según qué ‘pelis’ o series acentos, giros típicos de un territorio u otro. El resultado: hacen más veraz, cercana y creíble la historia que cada uno nos cuenta. Y no sé, porque no he visto las últimas Akelarre o Ane, cómo se desarrollan estas cintas en materia de diálogos. No sé si son monolingües o bilingües, pero lo que si se evidenció como una verdad verdadera es la realidad del valenciano en La boda de Rosa.

La cinta de Iciar Bollaín (madrileña) con un reparto en el que coinciden actores y actrices de Madrid, Cataluña, País Vasco y cómo no, València, está ambientada entre la capital de la Comunitat y Benicàssim y representa a la sociedad valenciana tal cual es. Por mucho que quieran vendernos una moto diferente, somos una sociedad bilingüe (aunque no al 100 %) si nos referimos al habla, y bilingüe en su totalidad si nos referimos a quienes entienden por igual el valenciano y el castellano. En La boda de Rosa se alternan los diálogos en nuestras dos lenguas cooficiales con una normalidad y naturalidad propias de lo que vivimos día a día en nuestras plazas y calles. Gent que parla en valencià, amb gent que et pot contestar en castellà i la conversa no es trenca, continua amb la fluïdesa pròpia de la nostra realitat mediterrània.

Som gent oberta, flexible, capaç de canviar d’una a altra llengua sense trencar l’harmonia que reforça la nostra presencia. I el més important, tenim sentit de l’humor com el que retrata també la comèdia Mi amor perdido on els ‘protas’ comparteixen un gat que soles atén en valencià.

I hi haurà gent que al ficar-se seria es passarà al castellà (o al revés), gent que traurà la seua millor cara parlant en valencià (o li passarà en castellà), gent de tota condició però que viu una mateixa realitat. Discrepe dels sectaris que defenen a capa i espasa un valencià, això sí, llarg temps vilipendiat, o aquells valencians ‘españolitos’ que imiten per norma l’accent de secà… ni uns ni d’altres representen la vertadera realitat valenciana, aquella que ens va obrir, inclòs, les portes de Roma, de la ma dels Borja, passant del valencià al italià o el que faça falta.

El valencià real es com aquell Salvatore de El nombre de la Rosa que parlava mil llengües, però tenia la virtut de, en acabant, de fer-se entendre.

A les hores, el cinema ens acosta més a la realitat de les societats que retrata quan s’expressa en les diferents llengües que hi es parlen.

Cinema, no patisques… tornarem!        

Pere Ferrer Sanchís, consultor en comunicación en Agua y Sal Comunicación. Podéis seguir las andanzas de Pere en Twitter e Ig.

Cosas de «serieadictas»

En Agua y Sal tenemos bastantes cosas en común, pero sin duda una de ellas es que a todos nos gustan las series. Y aunque cada uno tiene sus preferencias, hay una a la que no nos hemos podido resistir: a la todopoderosa Paquita Salas.

No sé quién de todos se habrá reído más con esa maravilla audiovisual, porque esa es otra, aquí somos de risa y chiste bastante fácil. O sea, que para quiénes no la hayáis visto, recomendación general del equipo para que os enganchéis desde ya. Y ahora sigo yo con mis cosas, que para eso estoy aquí, al lío. Seguimos con la comedia: – Special: una serie extremadamente recomendable para todo el mundo y con un formato muy rápido pues los capítulos son de a penas 20 minutos. La historia de un joven con parálisis cerebral, desde un punto de vista real y muy fresco. Aunque es bastante divertida, también tiene sus momentos reflexivos incluso un poco tristes, pero prometo que el que la vea no le va a decepcionar y, sobre todo, romperá estereotipos.

Más cositas

Pasamos a la policiaca: – Criminal: recién salidita del horno de Netflix y made in Spain. No me ha dado tiempo a verla todavía, pero la serie promete así que os animo a que la veáis y la comentamos más adelante. Os cuento lo que dice diario Público al respecto: “Trata de encerrar a un grupo de policías y a un presunto criminal en una sala de interrogatorios la tensión tiende al alza, los personajes crezcan -incluso los que solo aparecen en un episodio- y se llegue a un clímax tan sorprendente como satisfactorio.” A mí, me mola.

Creedme: otro estreno de Netflix que sí o sí veré. Esta es más dura, pues se trata de una serie basada en hechos reales, el relato de una joven violada a la que nadie creyó. El portal Hipertextual comenta: “Creedme nos muestra esta historia en el primer capítulo, una hora de pura tensión narrativa en la que no hay ningún artificio; es una narración clínica de los hechos capaz de revolverle el estómago a cualquiera.” Ahora tocan los los dramas: – Por 13 razones temporada 2. A mí la temporada 1 me enganchó y afectó a partes iguales, vale que hay muchos personajes, que la historia se va entremezclando y es complicada de seguir si no ves un capítulo detrás de otro, pero me parece un reflejo brutal de la realidad. Desde el suicidio, el acoso escolar, el ciberacoso, la permisividad de las armas en EE.UU., el alcoholismo, la drogadicción e incluso el inmovilismo de centros y administraciones. La segunda temporada (he visto ya tres capítulos) tiene un enfoque diferente, más de misterio y secretismo del grupo de protagonistas, pero igualmente perturbadora. Y por último, animación – Desencanto temporada 2: yo desde pequeña he visto Los Simpsons, y no precisamente por mis padres, pero mi infancia va ligada a ellos, y oye, tampoco he salido tan mal. Esta serie es del creador de la familia de Springfield y a mí la temporada 1 me dio mucha risa y se me quedó corta, este tipo de ficción me gusta para comidas o cenas tranquilas. Si la veis, la comentamos al terminar. Y hala, ja n’hi ha prou!

¿Qué os han parecido las recomendaciones?, ¿os animáis con alguna de las nuevas?

Cora Raga gestiona contenidos, RRSS y publicidad en Agua Y Sal Comunicación y sí, es toda una crack en lo profesional y un amor en lo personal.

Fotografía de Vertele