¡Te veo!

En estos días es justo cuando comenzamos a ver que la situación lejos de estar superada, sí que parece controlada.

Aunque nos insistimos a nosotros mismos, una y otra vez, en no bajar la guardia, empezamos a creer que, entre los que lo hemos pasado (y se supone que alguna carga de anticuerpos mantenemos), el porcentaje de vacunados (al menos con una dosis) que ya supera el 25% en la Comunitat Valenciana, las previsiones del programa de vacunación para las próximas semanas y la buena climatología, que el año anterior ya nos dio una confiada imagen de cómo baja la carga del virus en estío, todas estas razones nos dan a entender, en conjunto, que se abre un tiempo de esperanza para que todos nos planteemos la cercana posibilidad de abrazar a nuestros familiares sin reparos.

Tocarnos

Que podamos volver a ver a los amigos, tocarlos, reírnos, juntarnos en terrazas, alzar nuestras copas, apurarlas y entrar en un bucle en el que se repita este sagrado mantra: ‘otra ronda’, como la gran peli danesa de esta temporada. Y brindar por la vida y por los que nos encontremos en ese momento y volver a brindar por los que ya no podrán venir. Y un brindis, más por los que nos cuidaron y salvaron, directa o indirectamente.

Si algo hemos sacado en claro de este estado ‘en pausa’ en el que llevamos más de un año es que necesitamos vivir, con prudencia, pero como antaño. Disfrutando de un teatro, de un concierto, transitar sin miedo por una plaza o mercado en pleno bullicio… ¡Viajar! Salir de nuestro encierro. Mirarnos a la cara, reconocernos, ver rostros completos con sus narices (algunas, desde luego, nunca cupieron tras la mascarilla) y sobre todo ver sus bocas, disfrutar de los gestos que nos ha robado esta pandemia que ya nunca olvidaremos.

Veros la cara

Hoy no quería hablar de política. Hoy los importantes sois todos vosotros, a esos a los que tengo ganas de veros, ya pronto, el rostro, la cara, el jeto, la faz, el careto, el semblante, el morro… el gesto en el que reconozca que vosotros también os alegráis de vérmelo. Y emular como en aquella peli de ‘Avatar’ donde un simple: ‘Te veo’ significaba tanto o más que un ‘te quiero’.     

Pere Ferrer Sanchís, consultor en comunicación en Agua y Sal Comunicación. Podéis seguir las andanzas de Pere en Twitter e Ig. Artículo publicado en la edición de mayo de El Periódico de Aquí .

         

¿Estamos tontos o somos tontos?

Una cosa les voy a decir, y en plural mayestático, para no dejarme a nadie, incluso a mí mismo, ni herir la sensibilidad de los ‘ofendiditos’: ¿Estamos tontos o somos tontos? ¿Recuerdan que no nos quitamos de encima esta maldita pandemia? ¿Han olvidado que los contagios, ingresos en UCI y muertes con nombres y apellidos no menguan? ¿Saben por qué ‘ola’ vamos ya? ¿Qué tenemos una larga lista de restricciones a las que se suman además multitud de recomendaciones? 

Y viene un temporal de frio y se lanzan en tropel a ver la nieve… Y colapsan carreteras y desvían la atención principal de las fuerzas de seguridad que debían ayudar a transportistas o a las poblaciones aisladas… Además de fiestas ilegales, rescates y aglomeraciones innecesarias… Son tantos los despropósitos, hasta las autoridades no ayudan, de acuerdo ¿qué hace un gobierno municipal progresista y ateo montando una cabalgata de SSMM los Reyes Magos improvisada? Es precís?

Pero no nos están recomendando que nos quedemos en casa ¿dónde vamos? Quo vadis? ¡Qué se nos hace largo el asunto del ‘bicho’, desde luego! Pero quedémonos en casa, seamos más sensatos que nuestros políticos que a cada orden lanzan una contra orden. ¿De verdad vamos a dar crédito a alguno de esos influencers negacionistas solo porque tengan una legión de seguidores? ¿Les recuerdo la máxima de que la mierda debe estar buena, ya que tropecientos mil millones de moscas no pueden estar equivocadas?  Fijémonos con los números ¡espantan! Hagamos caso de los de bata blanca que se están comiendo el marrón a pecho descubierto. ¡Por favor! Un poco de sensatez y cordura o esto se hará eterno.

Llegados a este punto, hace unos días, mientras pasaba un rato con mi padre, al que lo de octogenario ya se le va quedando corto, y yo sin quitarme la mascarilla en ningún momento, recibía por el grupo de Whatsapp familiar la foto de mi sobrino y ahijado. Mi sobrino es enfermero, recién titulado, la pandemia le abrió ya hace unos meses la puerta del mercado laboral. Paradojas de la vida. Hoy ya está en una planta COVID y confirmo que me sorprendió e impactó su indumentaria de batalla (mono blanco con capucha, guantes, mascarilla y gafas aislantes). Era mi sobrino, lo reconocí solo por sus ojos, por su mirada joven, llena de fe y esperanza, de fe en su trabajo, en el esfuerzo y el ímpetu que otorga la vocación de ayudar a las personas y esperanza en la vacuna que ya había recibido ese mismo día.

Y me doy cuenta de que personas como ellos, los que van de blanco, al igual que los de blanco que se han ocupado estos días de despejar rutas y carreteras en brigadas de conservación y mantenimiento, o el ejército, las fuerzas de seguridad, los transportistas, los voluntarios… Todos ellos y muchos más están ayudando a rebajar esos niveles de tontería de una sociedad muchas veces superficial, inmadura, inconsciente, maleducada… atontada. Ayudemos, entre todos, a subir el nivel, por favor, no hace falta ya que nos dicten o impongan una norma, no debería hacer falta, deberíamos ser conscientes, responsables, ya sabemos cómo las gasta esta pandemia, ya hemos vivido un confinamiento. No olvidemos las lecciones que dijimos haber aprendido.

Artículo de Pere Ferrer Sanchís, consultor en comunicación en Agua y Sal Comunicación, publicado en la edición de enero de El Periódico de Aquí. Podéis seguir las andanzas de Pere en Twitter e Ig.

Lecciones que aprendimos al enfrentarnos a un nuevo virus

Nuestras vidas se pararon de golpe. Cabía imaginar que las noticias que venían de China invitaban, cuanto menos, a implementar medidas de prevención. Pero nos estalló en la cara como esa bofetada que nos deja sin aliento.

Y en ese estado de shock transcurrieron los días que se tornaron en semanas. Sin duda, un camino largo y doloroso en el que hemos visto cómo las estadísticas y cifras han servido para difuminar nombres y apellidos de miles de muertos, pese a que la sociedad y los medios, algunos de ellos, hayan querido compensar esa carga emocional que merece el duelo.

Y por ese tortuoso camino hemos aprendido cuestiones que nos acompañarán para los restos:

Hemos apreciado que nuestra casa es nuestro feudo.

Sabemos que la familia es nuestro escudo y nuestro consuelo.

Hemos puesto cara a un vecindario que antes era un auténtico desconocido.

Le hemos dado a terrazas y balcones una dimensión en la que pocas personas creyeron.

Apreciamos la música como ese canal de expresión que nunca debió dejar de serlo.

Aprendimos que las residencias se crearon para CUIDAR y no para CURAR. No los criminalicemos.

Supimos que nuestros cuerpos sanitarios son ejemplares y excepcionales, pero el modelo en el que se rigen es más que mejorable.

Asumimos que hay crisis imposibles, pero eso no disculpa que las personas con cargos políticos, todas, sean de poca talla. Dentro y fuera de nuestras fronteras.

La industria nunca debió desaparecer de nuestro territorio.

La globalización ha sido un arma de doble filo capaz de lo mejor y de lo peor.

La tecnología ha sido la gran aliada a la hora de mantener las relaciones familiares y laborales.

Los pueblos y los/as niños/as se han rebelado más fuertes que las ciudades y que, desgraciadamente, las personas mayores.

Las personas con uniforme o sin él han recuperado el valor que como profesión de servicio siempre merecieron.

Hemos comprobado como la cadena de solidaridad ha crecido entre familias y empresas demostrando que somos una sociedad que vale la pena.

En definitiva, hemos aprendido muchas lecciones de esta pandemia. Ahora hace falta que aprendamos a vivir con prudencia pero sin miedo. Tenemos que vivir valorando lo próximo, disfrutando de las pequeñas cosas. Sabiendo que somos vulnerables, pero que nos mueve la esperanza de saber que todo irá bien.

 

Artículo de Pere Ferrer Sanchís, consultor en comunicación en Agua y Sal Comunicación, publicado en la edición de mayo de El Periódico de Aquí. Podéis seguir las andanzas de Pere en Twitter e Ig como @perefe (s)