Y se cayó la «Zucker-red»

¿El mundo ha entrado en una espiral de apocalipsis en bucle o es cosa mía? No voy a enumerar aquí y ahora todos los males que nos acechan, es curioso que sean tantos y de tan diversa índole.

Pero ha habido uno estos días atrás que duró apenas unas seis horas y que a muchas personas se les hizo interminable ¡Se cayó la red del todopoderoso Zuckerberg! Al carajo Face, Insta y ¡oh, mon dieu! El canal de canales… ¡WhatsApp!

Whatsapp en barbecho

Había que ver los memes que circulaban por las redes ajenas a míster Mark sobre la desolación de influencers, marketinianos digitales, los social media managers… cómo les afectaba el habla, los tik y los tok en sus ojos desorbitados, los nervios y calambres en las manos. Muchas madres cayeron presas del pánico al quedarse los grupos de WhatsApp en barbecho repentino; vimos adolescentes sin saber que el aparatito del que no se despegan también sirve para hacer llamadas, a modo de teléfono góndola; y pillamos a viejóvenes fieles a la red azul sin poder curiosear por los perfiles ajeno; a quienes aman los filtros sin poder adulterar su última foto.

Un triunfo para las T’s

Pero también había que ver cómo los canales de las dos ‘Tes’ se frotaban las manos y hacían chanza del mal del vecino. Me refiero a Twitter y a Telegram, los primeros se dieron un baño de multitudes al grito de: ¡pasen y vean a mi pajarito en mi pisito! Mientras que los dueños del segundo al ver sus nuevas y múltiples descargas le dieron al vodka como nunca.
Desde luego, fue un ensayo, del que ya habíamos tenido algún aviso con anterioridad, de cómo se puede erosionar nuestra actual civilización, en exceso digital. Y el caso es que yo las primeras horas, a media tarde, sufrí cierta desazón, pero luego ya de noche, más tranquilo, pensé: «parte de la red se ha caído y da la sensación que hemos ganado más que perdido».

Pere Ferrer Sanchis, consultor en Comunicación en Agua y Sal Comunicación. Podéis seguir las andanzas de Pere en Twitter e Ig. Artículo publicado en la edición de octubre de El Periódico de Aquí.

Granos, Melrose Place y RRSS

Controlar cada palabra. Pensar los adjetivos, elegir las pausas y los verbos, corregir y editar los textos a voluntad y cuantas veces se quiera (menos en Twitter), es el p(l)an de cada día en RRSS. Pero, ¿qué pasa con la vida real?, ¿existe el pánico a la naturalidad de las interacciones interpersonales no pasadas por el filtro Clarendon?

Hoy reflexiono sobre la costumbre de controlar todo lo que colgamos en nuestros perfiles sociales. A veces lo hacemos casi inconscientemente, ¿lo habías pensado?

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Verdades que (no) ofenden

Hay una verdad absoluta que planea sobre las cabezas de los medios y, por ende, sobre los que en ellos trabajan: la democratización que propició internet ha derivado en que hasta ‘las cosas’ acaben conectadas (internet de las cosas) y en ese totum revolutum los medios de comunicación son ya solo ‘una cosa’ más, de referencia, pero una cosa más en un mar de navegación comunicante. Asumámoslo.

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Y tú, ¿’te vendes’ o estás ‘vendido’?

marketing onlineLa gestión de la Comunicación está estrechamente vinculada a la función de las Relaciones Públicas, eso ya nadie lo pone en duda. Hasta las mentes pensantes ‘Pro Bolonia’ crearon un Grado específico de Comunicación y RR.PP. Una titulación paralela a los estudios de Marketing, por un lado, y que también transita en paralelo a la carrera (¿qué antiguo suena, verdad?) de Periodismo.

Pues bien, del mismo modo que la Comunicación va más allá del Periodismo, las Relaciones Públicas también mantienen un recorrido que se distancia del Marketing. Sin embargo, durante muchos años nos hemos hartado de ver como los periodistas encontraban acomodo en la gestión de la comunicación (lícito, por otra parte) y los marketinianos asumían roles de public relations… sencillamente les iba en el cargo y contaban con su nada desdeñable vis comercial. Lo que ocurre, es que tanto uno como el otro de los trasvases de profesionales han condicionado, desdibujado y reformulado cada una de estas competencias: Comunicación y RR.PP. Sin olvidar que el ejercicio de las mismas ya requería de unas habilidades que, por otra parte, no todos tenían. Y por si no fuera poco, en los últimos años, tras la irrupción y consolidación de las nuevas tecnologías, se ha reconstruido el espacio de comunicación. Un espacio que cabalga entre lo que ya conocíamos y que se complementa ahora con lo digital. Y el peso de uno y otro se reparte casi al 50 por ciento.

Recuerdo cuando daba mis primeros pasos como asesor de comunicación y relaciones públicas y cómo esta era una función casi de tapadillo, en la sombra, entre bambalinas. Estábamos ahí, el cliente notaba nuestra presencia, pero no éramos visibles para el público. Nos conocía quien nos tenía que conocer y nuestro valor dependía del peso de nuestra agenda de teléfonos y contactos.

Pero llegó lo digital y es como si, en cierto modo, hubiésemos salido todos del armario. Empezamos a ‘pisar’ la escena, a hacernos ‘visibles’ (que se lo digan a Mario Vaquerizo: de RR.PP de Alaska y otros artistas a… colaborador en TV/Radio, showman, cantante o lo que haga falta).

twitter

Parece que el branding personal nos ha empapado tras una sorprendente gota fría a ese tipo de profesionales (RR.PP/Com) y que las redes se han convertido en el centro de la ciclo génesis. ¡Vale! Está claro que hay mucha ‘seta’ también por ahí; de esos que ni sienten ni padecen y como tales, pues, no comunican. Pero en nuestro gremio, si quieres captar negocio, el mejor lugar sigue siendo un evento y tu mejor aval tu perfil digital y si quieres que te contraten fuera de tu entorno: muéstrate/véndete en la red.

Y justo ahí es donde radica el problema, donde puede que nos pasemos de frenada, donde puedes pasar de ‘venderte’ a ‘estar vendido’. ¿Haces una simple prueba? Revisa tu muro, ve atrás en el tiempo, tres semanas, dos o cuatro meses y saca tus propias conclusiones. ¿Te gusta lo que ves? ¿La historia que cuentas? ¿Coincide con la imagen que tienes de ti mismo? Decide, pues, por ti mismo si ‘te vendes’ bien o si por el contrario ‘estás vendido’. El mérito o demérito, eso sí, no dejarán de ser tuyos.