Verano 2021. Lo que hemos sentido.

Cada año nos gusta traer  de nuevo al paladar lo recién vivido en los días largos de verano. Por si podemos alargar su sabor y volver a sentir en la piel el calor del sol o las gotas del mar. Por si a través de las palabras os podemos hacer llegar parte de lo que nos conmueve y emociona cuando juntamos momentos entre personas queridas. Da igual el lugar, importa la sensación.

Cora nos cuenta: «Para mí han sido unas vacaciones de descanso y relajación, sin grandes trayectos ni ajetreos para ir de aquí a allá. Más bien, todo lo contrario, han sido de disfrutar de la casa en Tamariu y el entorno, pero sobre todo, de recrearse de la compañía, las paellas, la cocina y la sobremesa. Esas charlas distendidas que saben a recuerdos, a ponerse al día y a recuperar tiempo con amigos y familia. Han sido unas vacaciones de, maravillosamente, estar y deleitarse de ese sentimiento.

Qué nostálgico y agradecido perfume nos traemos de vuelta.

¡Que viva la vida!».

Pere comparte que ha sido «un verano pasado por agua» pero «en el buen sentido», «entre ríos, embalses, pantanos y piscinas, poca playa, eso sí. De ahí que nos ha quedado un #RuralSummer ¡total! Un tiempo de desconexión que hemos rematado con renovación de documentos varios caducados y pequeñas reformas caseras».

Nuestra directora Desirée no se ha ido muy lejos para disfrutar a lo grande. Relata: «Este verano he disfrutado de Dénia y sus aguas a tope. Me he enamorado del mar y me relaja cualquier actividad que tenga que ver con él. Además he descubierto un lugar maravilloso, el Jardín de l’Albardá, muy recomendable. Eso sí, para celebrar mi cumple me fui a mi pueblo, Ayora».

María huyó del calor conduciendo con su familia de cuatro hasta Navarra. «Regresamos a Lekunberri, que siempre llena de oxígeno los sentidos y de buenos pinxos la barriga. Después alquilamos una autocaravana y subimos hasta la Bretaña francesa, para descubrir el buen carácter bretón y alucinar con las mareas oceánicas que dejan playas de poco baño y mucha contemplación. También nos trajimos una petite multa.  Acabamos el recorrido con una visita a Torredembarra (Tarragona) para visitar a una familia amiga y remojarnos en sus aguas cristalinas. Leer, aprender a vivir en unos metros cuadrados y desconectar de todo lo digital ha sido mi regalito estival».

Belén «como todos los veranos», se escapó unos días a Altea con toda su familia. Comparte: «Este año, más que otros, por toda la pandemia,  me he dado cuenta de que lo que más necesitaba de Altea no eran sus playas, sino su gente. Retomar la compañía con las amistades que allí dejé. Y ver cómo crecen mis hijas en contacto con ellas. Es cruzar el túnel del Mascarat y ver el horizonte desde otros ojos. Creo que es precisamente ese punto exacto donde puedo decir que empiezan unas verdaderas vacaciones».

María José pone el titular de «Experiencia en el campo en familia». Y cuenta: «Podría haber sido un retiro de paz y recargar las pilas, pero los niños se encargan de que tus días sean un juego y una aventura. Persiguen gallinas, nuevas piruetas en la piscina, películas al aire libre, y mucho más. Al final, son unos días para retomar el tiempo para nosotros y celebrar logros importantes como el cumpleaños del patriarca de la familia que llegaba a sus 70 años con muchas ganas de seguir soplando velas».

Las vacaciones son un concepto abstracto que cada persona interpreta según su filtro personal. Este es el nuestro. ¿Qué has sentido tú en los días que te dedicaste?

Vacaciones perpetuas

El verano pasado me di cuenta de algo: durante demasiados años en mi vida había estado esperando a que llegaran las vacaciones laborales para apretar el botón mental de descanso.

Estaba totalmente habituada a que alguien, desde fuera, me dijera cuándo tenía que levantarme más tarde, ir a la playa con mi familia, acostarme tarde, leer en el sofá, irme de viaje o echarme la siesta.

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