«Septiembles» y septiembres

Cada vez que llegaba septiembre sentía que me caían encima sacos de correos electrónicos, libros de texto, almuerzos y compras de más de cien euros que me enterraban bajo una montaña de estrés y temblores. Perdía kilos solo de pensar lo que me venía y, a veces, las vacaciones no eran tales porque mi cabeza vivía en el futuro próximo. Ese mes: «sepTIEMBLE».

Ahora siguen pasando todas estas cosas, seguramente algunas más. Y aunque los kilos los siga perdiendo, mi septiembre este año ha empezado el día 1 y no de agosto, precisamente. Lo primero que hice, y que me ha servido de mucho, es escribir en un papel cómo pensaba que iba a ser mi mes y en otro cómo quería que fuera en realidad. Gracias a Soraya Soler (emprendedora y facilitadora) por este ejercicio tan saludable.

Pensar y querer

Pensaba que iba a ser un septiembre agobiante y estresante, aunque yo en realidad lo que quería era que fuera relajado y sentirme descansada. Pensar y querer, la intención es muy poderosa.

Lo segundo fue pasar el mes de agosto haciendo más lo que me apetecía en cada momento y no tanto lo que otros decidieran por mí. Decir más no, respetar mis espacios y no pensar lo que iba hacer o no sino dejar más bien que surgiera de mí. Fluyendo, fluyendo, me leí cuatro libros (alguno muy recomendable que os contaré en breve), estuve con mi familia, hice yoga, medité, viajé y dejé espacios sin hacer nada. Esto es lo que más me cuesta del mundo: dejar de hacer para ser. Sin embargo, cuanto más he practicado el no hacer, más cuenta me he dado de lo necesario que es para mí. Pues María, no hagas tanto.

Ahora que ha arrancado el mes con reuniones, coles, papeleos, clases y esas listas preciosas e infinitas, las miro y las veo con sonrisa. Voy tachando cosas, sí, pero una detrás de la otra y no todas a la vez en mi mesa, en mi cabeza y en mi cama. Por fin, ¡un mes de septiembre!

María de Quesada es periodista y profesora de yoga. En Agua y Sal Comunicación gestiona RRSS y crea contenidos, puedes encontrarla como @MariaDeQuesada en las redes.

 

Vacaciones perpetuas

El verano pasado me di cuenta de algo: durante demasiados años en mi vida había estado esperando a que llegaran las vacaciones laborales para apretar el botón mental de descanso.

Estaba totalmente habituada a que alguien, desde fuera, me dijera cuándo tenía que levantarme más tarde, ir a la playa con mi familia, acostarme tarde, leer en el sofá, irme de viaje o echarme la siesta.

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Por mí y por todos mis compañeros

En casi todos mis trabajos he apretado al máximo mi capacidad hasta quedar exhausta. No solo porque el trabajo lo requiriera, sino porque llevo de serie el piloto de darlo todo siempre. Y pienso que llegar a esos extremos no le interesa a nadie, ni a las empresas ni a nosotr_s.

Entonces, ¿cómo regular la energía que le ponemos a las tareas diarias del trabajo y de la vida? Para mí la clave está en el necesario descanso y en el autocuidado.

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Yoga para culos pegados a la silla

¿Tienes el culo pegado a la silla una media de cuarenta horas a la semana?, ¿más? Ya te vale, pero tiene apaño si quieres dedicar unos minutos al día a despegar el trasero, mover los músculos, las ideas, la energía y hasta la sonrisa.

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