Taquicardias informativas

Que, siendo periodista, decidiera en plena pandemia dejar de ver los informativos de televisión, me ha dado qué pensar en las últimas semanas.

Nada más escuchar sus sintonías de cabecera, empezaba a notarme el corazón a toda velocidad. Por salud mental, tomé la determinación de no pasar por semejante trance y excluí los informativos de mi fuente habitual de información. Vale que la hipocondría que me caracteriza tampoco ayudó demasiado. Pero, compartiendo esta inquietud con otros amigos y compañeros de profesión, caí en la cuenta de que no era la única que tenía esa sensación.

Infoxicada

Incluso reconocer abiertamente que no podía ver los informativos, me genera cierta reticencia como profesional. Pero tomé esta determinación, desde un punto de vista estrictamente personal. Y, sinceramente, creo que todos, periodistas y medios, deberíamos extraer algunas lecciones de lo que esta pandemia ha supuesto para la audiencia.

No significa que deban estar menos informados, sino correctamente informados. Este hecho nos obliga a cribar la información que generamos como periodistas, a la búsqueda del contenido estrictamente esencial. Alejarnos de la ‘crónica negra’ y dotar a nuestro trabajo de la máxima objetividad posible, sin dejarnos llevar por corrientes que solo conducen al pesimismo generalizado.

Y es que no todo vale para ganar audiencia. Debemos tratar a los espectadores como personas, no como simples números que engrosan un listado. Mostrar los sucesos, sin necesidad de descarnarlos, alejando lo máximo posible nuestra implicación personal.

También querría abordar la repercusión que tuvieron las declaraciones ‘negacionistas’ de la actriz Victoria Abril en la presentación de los Premios Feroz. ¿Por qué le damos pábulo a lo que opine, no siendo una fuente autorizada o una experta en la materia? ¿Qué necesidad tenemos de hacernos eco de lo que piensa o deja de pensar sobre el Covid? Es decir, lo que importa es lo que piensen científicos y profesionales de la medicina. Eso es lo que verdaderamente importa. Generar polémicas dándole cancha al ‘imaginario colectivo’ de quien no es voz autorizada no hace ningún bien, sino todo lo contrario.

Sinceramente, creo que todos los profesionales de la comunicación deberíamos reflexionar sobre esa necesidad de cambiar nuestra forma de interactuar con la audiencia.

Belén Villarroya es periodista y comunicadora en Agua y Sal Comunicación.

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