Vacaciones perpetuas

El verano pasado me di cuenta de algo: durante demasiados años en mi vida había estado esperando a que llegaran las vacaciones laborales para apretar el botón mental de descanso.

Estaba totalmente habituada a que alguien, desde fuera, me dijera cuándo tenía que levantarme más tarde, ir a la playa con mi familia, acostarme tarde, leer en el sofá, irme de viaje o echarme la siesta.

Primero reflexioné sobre la idea de que todas esas actividades maravillosas muchas veces no significaban descanso real para mí, es más podía hasta agotarme. Hacer las bolsas de la playa, llevar almuerzos, llenar botellas de agua, poner crema a los niños, seducir durante una hora a mis hijos con cuentos para que se durmieran la siesta (a veces sin éxito alguno), convivir con muchas personas de la familia, hacer maletas… Entonces llegué a dos puntos que se entrecruzaban y que desde entonces me acompañan.

Por un lado, llegué a la conclusión de que ser autónoma laboralmente era el camino natural que quería seguir a pesar de todas las trabas que el sistema actual nos pone a muchos niveles. Desde el 1 de enero de 2019 he podido escaparme a darme baños en el mar algunos miércoles por la mañana con mi amiga Águeda, mis hijos se han «pelado» el cole (con 3 y 6 años) para irnos a pasar el día juntos, ¡un viernes!; he practicado yoga a mitad mañana en el salón de mi casa innumerables veces, he hecho  recados por el barrio con mi madre (que está jubilada) y he tomado cafés con amigas en horarios «de trabajo». De verdad he sentido que estaba de vacaciones en enero, en febrero o en marzo aunque luego me conectara un domingo a revisar correos y escribir textos. Soy dueña de mi tiempo, que considero de lo más valioso en la vida.

En segundo lugar, desde que descubrí las herramientas del yoga y la meditación he encontrado un nuevo lugar en el que siempre me siento de vacaciones ¡hasta de mí misma! Ese lugar es siempre que consigo sentarme en quietud con mi respiración. Los pensamientos vienen y van, claro, pero con la práctica observo los patrones, veo los flujos, reconozco pensamientos recurrentes y me voy sumiendo en un estado de relajación profundo que jamás he encontrado en ningún otro lugar, por muy paradisíaco que sea. Las agencias de viajes no ofrecen estas vacaciones en sus packs de vuelo, hotel y excursiones, este lugar único está a tu disposición donde quieras, en cualquier situación, estado y hora del día. Te invito a irte de vacaciones de ti sentándote contigo.

La percepción de las cosas es milagrosamente influyente en todas las personas. Donde tú ves algo maravilloso otra persona ve drama y estrés, donde hoy ves flores de colores ayer veías tristeza y dolor. Ya no siento que tenga que irme a ningún sitio ni dejar de trabajar para estar de vacaciones, poco a poco he ido integrando el concepto de descanso en mi día a día. A veces es un paseo por el parque con el perro, otras un café con una amiga, ir a una clase de yoga en un estudio o contar cuentos.

Vacaciones (casi) todos los días, vacaciones perpetuas.

María de Quesada es periodista y profesora de yoga. En Agua y Sal Comunicación gestiona RRSS y crea contenidos, puedes encontrarla como @MariaDeQuesada en las redes.

 

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