Todas las (personas) feministas

Otro 8 de marzo de 2021 y otro Día Internacional de la Mujer, institucionalizado como tal en 1975 por la ONU. Creíamos que conmemoraba a las mujeres muertas en el incendio ocurrido en una fábrica textil de Nueva York, a principios del siglo XX, y exactamente no fue así. Nuestra compañera periodista y coach feminista, Águeda Macián,  nos cuenta en FemDones la verdadera historia que hay detrás del 8 de marzo. La compartimos.

El antecedente más lejano lo encontramos en las manifestaciones y protestas protagonizadas el 8 de marzo de 1857, por obreras textiles, también de Nueva York. Estas mujeres fueron cruelmente reprimidas por la policía.

Pero el origen concreto hace referencia a la gran huelga, de 14 semanas, que tuvo lugar a finales de 1908 y principios de 1909 (donde también participaron las trabajadoras de la fábrica del incendio) que terminó, precisamente, el 8 de marzo de 1909, en una enorme manifestación con más de 15.000 mujeres trabajadoras. Sería en 1910, en la segunda Conferencia Internacional de la Internacional Socialista de Mujeres, cuando Clara Zetkin propuso el día 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en recuerdo a esa gran huelga de mujeres.

Causa impacto

Más de un siglo después, conmemoramos este día por un presente igualitario y un futuro mejor para las niñas que nacen cada día. A veces me frustro al intentar hacer entender a la gente de mi entorno que todas las personas somos feministas si entendemos qué es el feminismo y por qué es tan importante ser conscientes todos los días a través de pequeñas acciones. Y ahora sé que no es mi tarea enseñarles, que cada cual se informe. No son solo los grandes acuerdos internacionales o victorias legales, es sobre todo  lo que está a nuestro alcance: cuidar (peques, mayores, el hogar…) es una responsabilidad compartida; las jóvenes pueden ser lo que quieran ser, los niños pueden llorar y mostrar sus sentimientos, si ves un comportamiento inaceptable o acoso sexual habla, ayuda; no aceptes machismos ni en la cola del pan; ejerce tus derechos políticos, respeta las decisiones de otras personas, rechaza el lenguaje binario y sexista, infórmate, lee, aprende. Sé parte de la generación de la igualdad con tu madre, tu pareja, tu hija y tu vecino. María de Quesada.

Diferente

Este 8 de marzo será diferente. Pero si algo tenemos claro las mujeres es nuestra capacidad para afrontar y solucionar crisis. Por eso, aunque no podamos salir detrás de una pancarta, seguiremos reivindicando todo aquello que todavía necesitamos para alcanzar la ansiada igualdad. Al abrir la agenda el día 1 de marzo, apareció una palabra que lleva en mi cabeza desde entonces, “sororidad”, que proviene de la palabra inglesa sisterhood y que significa la solidaridad entre mujeres. Desde aquí gritemos fuerte: ¡más sororidad y menos testosterona! Desirée Tornero. 

Somos personas

Ante todo, puedo decir con orgullo que me siento realizado e integrado en el entorno laboral en el que día a día me desenvuelvo con mis compañeras. Cuando te haces mayor en un siglo diferente al que naciste eres más consciente, todavía, de la innecesaria y rancia distinción de las personas por motivos de raza, sexo, religión, opinión, nacionalidad o cualquier otra circunstancia personal o social. Dejemos de mirarnos con el filtro de estereotipos o etiquetas y convivamos sin discriminaciones, ni directas, ni veladas. Demos ejemplo a nuestras hijas e hijos o quizá ellas y ellos ya nos lo estén dando a nosotros para que entendamos que todos somos, simple y llanamente, personas. Pere Ferrer Sanchis.

Visibilidad femenina

El día de la mujer es para poner sobre la mesa y reivindicar temas que todavía están pendientes de normalizar. La igualdad salarial, el acceso a todas las profesiones, el peso de la conciliación, el emprender siendo mujer. En los últimos veinte años, he podido ser testigo de la evolución en el tema de la mujer. En mi época de universidad, pedíamos normalizar la figura de la mujer en todos los campos. Que sonaran nombres de mujeres como científicas, escritoras, políticas, jefas de informativos, deportistas… que fueran visibles para romper las barreras. Prácticamente eso ya se ha conseguido, las mujeres ya están.

Actualmente el debate que permanece es el de no dar un paso atrás, cuando llega una crisis económica o como la de ahora, sanitaria, las mujeres son las primeras en quedarse en casa y dejar su trabajo. Para normalizar la conciliación aún existe el 8 de marzo. Aunque es verdad que cada vez son más visibles grupos de mujeres y asociaciones, que defienden la importancia de no renunciar y contribuyen cada día en dar visibilidad a los problemas que nos separan de la igualdad. María José Moreno.

Polémica

El día de la mujer se ha visto enturbiado este año por la polémica generada entorno a las diversas opiniones entre si debe o no haber manifestación a favor de reivindicar los derechos y la figura de la mujer en la sociedad.

Como mujer, considero que somos nosotras mismas las primeras que tenemos que luchar por nuestra igualdad, por nuestros derechos. No obstante, lejos de querer abrir debate o disputa lo que pretendo es hacer una reflexión. ¿Es necesario salir a reivindicar cualquier tipo de derecho encontrándonos en una situación de alerta sanitaria? ¿No existen otras formas de manifestarse de forma cívica y sin que estas supongan poner en riesgo nuestra salud y la de nuestros seres queridos? En este punto en particular es donde creo que esta profesión puede jugar un papel fundamental en el futuro más próximo.

Equipo Agua y Sal

La COVID-19 ha traído consigo la digitalización de la sociedad de forma vertiginosa. Nos hemos adaptado a situaciones que pensábamos que jamás se darían y, sin embargo, aquí seguimos, comunicando como nunca antes lo habíamos hecho. ¿Por qué no aprovechamos todas esas herramientas digitales y nos manifestamos de un modo seguro? Expresémonos a través de las redes, sumémonos a movimientos online, creemos nuevas plataformas que impulsen el trabajo de las mujeres en nuestra sociedad. Hagamos lo mismo, o más, pero de forma responsable; protegiendo a aquellos a quienes queremos y admiramos, porque las mujeres tenemos que seguir siendo un ejemplo para la sociedad. Patricia Cervera.

Nuestra compañera Cora Raga ha hecho un pequeño recopilatorio de versos de canciones de grupos y cantantes que hablan sobre mujeres, igualdad, sororidad y la lucha feminista. Allá van:

“Arrels i ales, gràcies mamà, poder de dones” Imperfeccions – Zoo

“No tengo sobrenombre, no hay hombres sobre mí
Sobrevalorada es la palabra que más suelo oír

…Escritora, creadora, autora, comunicadora
Profesora, directora, no dictadora” Sugarina – Sara Socas

“A ningún hombre consiento
Que dicte mi sentencia” A ningún hombre – Rosalía

“Hey, avui el món és teu
La vida no s’espera
Pren impuls i sent
Que avui el món és teu
No miris mai enrere
Cavalquem el temps” El Món és teu – Els Catarres

“Esta no es la Dolce Vita
Pero juntas la hacemos más bonita
Te escucho si lo necesita’
Tú me das lo que la vida quita” La tirita – Lola Índigo

Hoy, 8 de marzo de 2021, todavía existen restricciones legales que impiden a 2.700 millones de mujeres acceder a las mismas opciones laborales que los hombres. Menos del 25% de los parlamentarios eran mujeres en 2019 y una de cada tres mujeres sigue sufriendo violencia de género.

Hagamos entre todas (las personas) que 2021 sea un año decisivo para las mujeres y las niñas en todo el mundo. Nacer mujeres no nos hace inferiores ante el mundo ni ante la ley, y queda camino para que la sociedad sea un reflejo de esta realidad. Caminemos.

De romanos, vulvas no me salen

Nos han timado a todas y a todos. Desde que nos enseñaron que el masculino genérico incluía a las mujeres, empezamos a usarlo sin preguntarnos nada y a mí me han pasado cuarenta años. Hace poco, asistí con una amiga periodista a una charla de la filóloga, feminista y especialista en lenguaje inclusivo y no sexista, Teresa Meana. Tenía algunas dudas y, de repente, se  volatilizaron dando paso a una gran claridad. 

Si leemos:

Cansados, llegaron los tres al pueblo.

¿En qué pensamos?: ¿los amigos?, ¿los hidalgos?, ¿los chavales? Pues no, se trataba de dos mujeres y un caballo.

Todas nos transformábamos en todos en el momento en que un niño, adulto o hasta un caballo entraba en la sala. Fuéramos una o quinientas éramos todos. Todavía hoy seguimos siéndolo en muchos textos y bocas, aunque cada vez menos. Hoy sabemos, gracias a estudios como este del departamento de Artes Plásticas del IES Berenguer Dalmau (Catarroja), que el masculino genérico NO incluye a las mujeres.  Ni en el imaginario de la persona que lo lee, ni en el de la que habla o escribe. Podéis sacar vuestras propias conclusiones diciéndole a vuestras hijas o hijos que dibujen dos astronautas, tres presidentes y una sala de enfermeros (todos muy masculinos genéricos). El timo de la estampita en la lengua ha durado bastante, y ahora que tengo voz, voy a usarla de por vida.

Para la RAE, y tristemente para toda la sociedad, el uso genérico del masculino «tiene que ver simplemente con el principio básico de la economía lingüística». Se han ahorrado nombrarnos durante demasiados años, y ya es hora de emerger del limbo lingüístico para tener presencia en la imagen colectiva. Y si tú crees que estás incluida, allá va otro ejemplo:

Los romanos vivían en villas.

Si estás pensando en mujeres es porque te lo he sugerido yo antes, o porque eres del 0,1 % de la población. A mí se me presentan señores romanos con faldas, eso sí, y que vuele la imaginación. Pero de romanos, vulvas no me salen.

Aunque no ha sido siempre así en la historia, este fragmento del Decreto de expulsión de los judíos (y judías, claro), de 1492, nos descubre lo contrario:

«E mandamos que nadie de nuestros reinos sea osado de
recebir, acoger o defender pública o secretamente a judío nin judía pasado el término de julio so pena de confiscación de todos sus bienes. 
Dado en esta ciudad de Granada el Treinta y uno dí­a de marzo del año de nuestro señor Jesucristo de 1492. Firmado Yo, el Rey, Yo la Reina, y Juan de Coloma, secretario del Rey y la Reina quien lo ha escrito por orden de sus Majestades».

Teresa Meana dice lo siguiente al respecto de la citada economía del lenguaje: «No es una repetición nombrar en masculino y femenino cuando se representa a grupos mixtos. Son realidades diferentes y como tales deben ser nombradas. Así pues, no es duplicar ya que duplicar es hacer una copia y no es el caso. Tampoco es válida la objeción que remite a la economía del lenguaje. Éste es una herramienta a nuestro servicio, y son las inquietudes, vivencias y pensamientos que volcamos en él los condicionantes que realmente limitan nuestros usos, no el lenguaje en sí mismo».

Para mí, la economía del lenguaje es otro invento más para quien quiera ahorrarse a las mujeres. Señores y señoras de la RAE (que hay siete de cuarenta y cinco, por cierto), de ahora en adelante no me ahorraré ni una hija, ni una amiga ni una socia.

Llevo cuarenta años enterrada en la lengua «de todos» y en la mía propia. Pasaré todo lo que me quede desenterrándonos a todas de los todos, los ciudadanos, los humanos, los romanos, los alumnos, los estudiantes, los niños o los  empleados. Y si alguien tiene dudas, que yo las tengo y muchas, aquí tenéis algunas estrategias sacadas de este libro de la filóloga para combatir el uso sexista y androcéntrico del lenguaje. Porque las palabras NO se las lleva el viento. Gracias por tu labor inmensa, Teresa.

María de Quesada es periodistaprofesora de yoga. En Agua y Sal Comunicación gestiona RRSS y crea contenidos, puedes encontrarla como @MariaDeQuesada en las redes.